Cuaderno 1

(Años 85-87)

un poco de todo

El bazar de la frontera

La denuncia fue injusta

ya lo dijo el viejo

pues sus leyes no son las de aquí.

Un toque de soberbia

en la fortuna de los elegidos

con colofones de risa.

Hay cosas que no se venden

entre tanto comerciante

afanes de muchas vidas

y luchas pertinaces.

Tus descubrimientos lo corroboran,

formas y presunciones

de los nuevos sabios.

Todo son mentiras

la verdad está allí.

Nuevas necesidades

y viejos desvelos

con denominadores comunes

Granada

¿Es bueno abandonarse entre risas y autocomplacencia?

La inconsciencia es la reina

en el país de los olvidos.

Brotes de alta severidad

y claves ocultas.

Los escritores no hablaron lo suficiente de ti.

Muchos espejos y caras,

expansiones repentinas y carácter,

un kiosko de refrecos,

inocentes miradas…

Una historia que escribir.

  Resina en las manos

Despiertas,

tienes resina en las manos,

el cielo no fue nunca tan azul.

Me gustaría oír aquella canción,

el viento está loco.

Tienes resina en las manos

y aquí no se hacen esas preguntas.

Debes unirte a los jóvenes de la aldea,

el pastor ya lo sabe.

Tienes resina en las manos.

Mañana te enseñaré la tradición.

Antes debes comprender algo,

al sur el campo es de yeso,

al norte es de color violeta.

Estamos en las fronteras.

Sigues con resina en las manos.

Allí los hombres permaneces erguidos.

Ya conoces tu cultura,

mañana te enseñaré la tradición.

Las estaciones

Atracciones e ilusiones

varias interrogaciones

pureza y rubor,

El hombre del barranco.

No fuerces la situación,

el mecanismo es espontáneo.

Senderos y lindes,

mantos y reclamos,

lluvias en vano.

Cuerpo y hojarasca,

contactos humanos,

caminos cerrados,

senderos continuos.

Situación compartida

Ofertas desdeñadas

La flecha nos lo indica,

el otoño nos espera en las sombras

La Alpujarra y tú

Serenidad y encanto,

pues no hablas.

Tu belleza lo confirma

y aquella canción:

Regando el jardín por la noche.

Un piso sin muebles.

En tu caso el silencio canta

aquella canción.

¿Desconocida?

Tienes pasta y no ríes,

hija de papá,

pelo, ojos y didáctica de las ciencias.

Autobús, chandal y amiga.

Eres especial,

Alpujarra,

no vulgar.

El prado

Ondulación vegetal y corporal,

una sola cosa.

Sol, nubes y viento.

Deseo común.

Fuerte contraste entre las rocas,

el prado y los desvelos.

Sol nubes, viento.

Pesadez y captación, seguimiento.

Verde canción, crítica y egoísmo.

Descontrol y control.

Sol nubes, viento

apertura vuelco al exterior

En el prado de los rumores

señales de tormentas y parquedad de palabras.

Hacia lo duradero

El hombre

Madera podrida,

una cuna rota entre los arbustos,

un yunque lloros y risas.

Camino vírgen y hierros.

Tejido áspero, primitivo,

losas de roca, tocones

Risas y lloros

Frío y humo,

ciclos y mozas,

contratos y respetos

Pasiones y desgracias

Risas

Jefes y vasallos

ritos y estaciones,

callejones solitarios y

muros de luz.

Lloros

Ciclos y estaciones

Tejados refulgentes y

abandonos.

Lloros y risas.

LOS ITINERARIOS DE LA REGION

Cuando terminé de hablarle tuve la necesidad de huir. Caminé varios días sobre hojas muertas y ramas secas de roble. Permanecí en el vado otros más, mirando quieto las briznas, bajo una luz sabor ácido, dejando que las gotas de sudor se fundieran con el vegetal vespertino. Allí se me apareció de nuevo aquel lugar. Ascendí lentamente la ladera por el carril pizarroso de la cantera, al que finalmente, un glotón seto herbáceo había degradado a senda. Al final del vallejo, lo volví a divisar después de largo tiempo.

En el calvero del pinar yace abandonado el desportillado edificio, que harto de esperar huéspedes definitivos, se abandonó él también por fin a la tierra. Al pisar de nuevo este suelo, desordenados estímulos me inundan. Voces e imágenes recorren los recovecos. Las hierbas también aquí, se habían abierto paso entre las elegantes losetas de antaño. Los salientes aleros, ya caídos, entorpecían mi paso por el ancho  corredor exterior. Cuando hube abandonado las ruinas y bajo contradictorios sentimientos divisé en el collado una figura que me hacía señas con los brazos.

x   x x

Cada año cuando el río se desborda y quedan anegadas las estancias de verano nos encontramos en el canchal. Cada tarde cuando las sombras ganan terreno y el viento mueve con más fuerza a las ortigas, me pierdo. Con el anochecer vuelvo mis pasos y miro en los planos y tu rostro, el próximo punto de llegada.

Ya cerca de la posada del camino olvidado, los espinos y brezos cortan las vías del entendimiento. Las manos abiertas y los olores sueltos como los cabellos. Un lugar de descanso para las miradas. Buscas el pasado para encontrar nuevas perspectivas desde la puerta de la posada. Las dos viejas nos contemplan comprobando sus designios, sólo ruinas y armazones en sus entornos. La inscripción del recodo es aún legible, el disidente lo escribió como premisa en el billete de partida. Emigraciones tribales hacia climas y tierras de provisión.

De acuerdo, resistiremos un año más aquí los golpes del norte y del sur. Las experiencias de nuestros predecesores nos serán una vez más valiosas. Destruiremos los lindes y con las maderas de las vallas reconstruiremos el puente para unir las laderas. Para los fósiles con fisuras es bueno descansar sobre las malezas, canturreos entre las piedras y sonidos agudos. Les descubriremos el camino olvidado de la posada.

x          x           x

Antiguas imágenes y viejos interrogantes renacen con el aire húmedo que guías por el camino enlosado de la herrería. Mi curiosidad y tu imagen corren paralelos por la frontera de la espesura. Tu creatividad sale ganando, unas pinceladas muy logradas en tu eterna obra inacabada. Un ramal nos lleva al desfiladero de los devotos, sendas de gravilla blanca como trazos de tiza en una pizarra. Los mojones lo anuncian, los valles se acaban antes que los viajes. Ya tu aniñada silueta entre maderas, bajo las tejas.

Las escapadas nos reparan, en la nava, en el calar y en la capellanía. Con el sol tus pecas se dilatan y tus ropas oscuras me traen de nuevo la visión de aquella puerta tirada y rota.

x       x    x

Aquel día alguien pisó la tarta que escondimos en una esquina de la estancia acristalada del patio. Las huellas lo señalaron responsable. Aquel día el regalo no me gustó y le hice un feo. Durante toda la tarde las paredes se habían ido llenando de palabras muchas de ellas intranscendentes. Ni el guarda ni la espina clavada en el dedo perseveraron mucho. Al oscurecer encontramos a la otra gente en el camino.

Sudaba frío cuando iba a por agua a la fuente.

x    x x

Cuando llegamos las hierbas estaban muy altas y densas, al cabo de unos días de duro trabajo la tierra ocre se había quitado su velo verde en el asentamiento.

Todas las noches el sonido metálico del gorjeo animal se confundía por unos instantes con ruidos de martillos provenientes de una secreta mina imaginada del entorno.

Por las mañanas el aíre frío que había logrado abrirse paso a través de los obstáculos reforzaba nuestra resistencia a levantarnos.

Año 1988

Los furtivos

La lluvia de verano empapa la piel de los seres furtivos,

aquellos que no leen los letreros.

Son innombrables para los marchantes,

dominan desde los domos las artesas y detestan las fronteras.

A su paso se borran las sendas

y en su presencia caen las cercas

Sus motivaciones son más primarias,

tienen leyes más viejas

Sus experiencias te son extrañas,

si te enfrentas a ellos

tus posibilidades son directamente proporcionales

a sus necesidades.

La zorra (un film)

Cabezas de gallo,

Nieve y bosques negros

Dos náufragos y la zorra

Caminos embarrados y un visitante

Batallas de resistencia y conquista,

una fácil presa

La zorra cae,

una náufraga y un vistante.

Los lameorzas

Con desarraigo y como las moscas

llegan las hordas.

Buenos coches y mas problemas,

cruz y cara de la moneda.

Los que a comer fueron sí lo consiguieron.

Los que no resistieron

ya no son hijos de ningún pueblo.

Una tapia de desconfianza,

un deseo efímero.

Hay muchos coches en la capital,

hay discotecas cines y teatro

y unos bloques muy hermosos para pasar el rato.

En la rinconada

Pero hijo mío un respeto,

es un ideal de tus mayores.

El ideal que yo conozco de la tierra

 es la peseta de mis mayores

Siempre les tendré que estar agradecido

pues los sudores de sus esclavos fueron los suyos,

así lo ha establecido el tiempo

Ya se proclamó así en España

 “eres blanco o negro”.

No nos gustan las medias tintas.

Mediante ese engranaje es que estamos donde estamos

Los membrillos

Si los coges a tiempo,

si no los tragas rápido,

una dosis de acidez.

Verde, amarillo y negro.

Ellos tienen su tiempo.

¿Qué nos ocurre?

¿Un bocado es demasiado?

Nadie los cogió y cayeron.

Mientras el perro guardián no descansa.

No más granizo

y un regalo para el maestro.

¿Qué nos ocurre?

Mañana te traeré otro,

los comes sin medida.

No más golpes en la espalda.

El niño te trae fruta,

un soldado travieso te engatusa.

¿Qué nos ocurre?

 Me arriesgo a cogerlos,

por ése grado de sabor.

No aceptaré las del suelo,

un aspecto externo feo.

¿Qué se puede encontrar en un cajón infantil?

Oyendo el Palacio de la Luz

Latas de tomate oxidadas, sobre la madera podrida.

Merece una fotografía.

Reúno clavos usados

y levanto dos piedras.

Echo palos sobre el charco

Dejo pistas

Arranco yedra

y piso suelos y aguas

Ocupo aquella casa.

Aprovecho lo viejo,

construyo y destruyo.

Dejo pistas

Corto ramas y arranco hojas,

pongo en lugar visible el lecho.

Miro lejos,

subo a los maderos.

Corro y salto

Dejo pistas

Encuentro sucios tramposos

y más arboles…

Mañanas veloces, tardes lentas

y juegos de luces

Dejo pistas.

Guerra

Algo vuela veloz entre las carrascas

bajo el fuerte chaparrón.

Pero cae frágil sobre el barro.

Alguien silba.

Un ave atravesada por un dardo

Ha caído en la linde del poblado

Malas nuevas traen los mensajes

Días de guerra se aproximan

Los tallos son cortados para los fortines

y los silos están a rebosar.

Los hombres prestos

Las mujeres cortan telas, hacen vendas

Alguien vigila en el bosquete

¡Alerta!

No son enemigos, son los turistas.

Su botín son los souvenirs.

Sus armas son las cámaras y el dinero.

Sonríen.

¿Qué defensa cabe?

 El paraje vuelve en sí.

¿Quiénes son nuestros enemigos?

Granada

Sierra Nevada es el Cáucaso

Guadix es Turquía

Las Alpujarras el Tíbet

Almuñécar es Palestina

Galera es el Irán

El Tocón de Quéntar es el Baztán

La Vega es el campo de Florencia

El campo de la Puebla es Castilla

Y los llanos de Baúl

Y la tierra de Alhama

Granada eres tú

Las Niñas Nobles

Hay una máquina antigua de hacer helado,

viejas diapositivas de vidrio y un piano roto.

Hay altas habitaciones vacías con suelos de madera y sol permanente.

Frente a las cristaleras reposa un busto modelado de alguien.

Hay altas estanterías con libros decimonónicos y pizarras negras.

Un universitario mora en dos habitaciones.

Pies preadolescentes recorren periódicamente sus rincones

y golpean la pelota en la terraza.

En su correoso ascenso al lugar de juego,

a los muchachos les pasan desapercibidos

los oscuros cuadros que presiden las anchas escaleras principales.

Miradas excitadas se escapan con el ímpetu.

Las columnas marmóreas del patio central soportan todo el peso de los siglos

y de las vidas que han iniciado aquí sus pasos.

The Bloque’s  boys

El nuevo edificio del centro de empleo se levanta en la única zona verde del barrio dormitorio del extrarradio. A sus aulas acuden diariamente jóvenes en busca de una capacitación laboral. Jóvenes con cualidades desaprovechadas que toman apuntes con bolígrafos de colores. Con padres innombrables, no quieren ser como sus hermanos mayores. Jóvenes con respuestas bruscas y preguntas destempladas, que no hablan de política. Tienen el cabello grasiento, no piensan dos veces la jugada de billar. Jóvenes con trabajos nocturnos en grandes almacenes y novias esperándoles a la puerta del instituto frente a los solares.

Las tablas

El vaivén del caminar y el latir del corazón se aceleran a medida que aparecen rastros. Una bañera metálica boca abajo sobresale sólo un poco por encima de las matas. No lejos un cuadro de bicicleta y papeles de periódico. Por fin se aclara el escenario. El paisaje se hace menos denso. Se trata de una de esas ocasiones en que presientes que lo que buscas lo tienes a la vuelta de la mano. Ahora bien, si lo que buscabas era un montón de tablas viejas ¡enhorabuena muchacho!.

Cambios

Cuando clujen las ramas

y se quiebra la pana

es tiempo de saltar el muro.

Cuando los remolinos unen las lianas

y los ojos se pliegan tras los pómulos

es tiempo de entrar en la tierra.

Es cuando lo vacío se llena

y cambian los emplazamientos

Es el tiempo de reconciliarse con las tapias,

cuando arriba no se puede permanecer

y todo se escurre hacia abajo

“Es tiempo de ponerse la trenka”

Misterio

Hay gente que habla poco y mira mucho

Hay gente que utiliza ropas holgadas y se sienta ante chocantes personajes

Hay gente que parece que el asunto no fuera con ellos

Hay gente que el recuerdo los devuelve enigmáticos

Hay gente que no cuenta en el momento

y que con el tiempo se hacen presentes

¿Cómo son los velos y las columnas de cada día?

¿Qué sabemos?

¿Sí?,  ¿no me digas?

Te lo digo.

¿De veras?

Cada frase es un descubrimiento,

cada frase que oye,

cada frase que dice,

es un punto de vista nuevo

pues las cosas a cada momento cambian.

Yo pensé que tenía algunas certidumbres algo miserables,

ahora presiento que lo eran del todo.

Pero sigamos el camino a nuestro albergue.

El sopor incierto

Corrigióse la nota,

adelantóse el estribillo,

lavóse el pecho el indignado capullo,

encaróse la amalgama de válidos cetros,

ventilóse la amenaza de iracundas mangas,

rebrotáse la brisa de insospechados olores,

enconáse el ímpetu en indeterminados agravios,

pisóse el nardo al compás del esguince,

preserváse en acosos pestosos a los lúdicos,

encajárase con dulces y forzadas sonrisas,

aceptaráse con melifluos gestos de desdén,

almorzara la yegua en la trastienda,

encaminarase el soplo al espacio sideral,

subiéranse los colores con embarazosa viveza,

apresuráranse prestos y veloces en busca de oxígeno,

ajustáranse las guirnaldas hacia lo efímero en el infinito,

apuntáranse las defensas con incalculable precisión,

relátanse épicas guerras de mortíferos efectos,

estrechasen en apretones al ritmo de las zambombas.

Escápase

La Mancha

Es que queda aún alguien en la Mancha. El ladrillo desnudo la invade, Plof!

Sus estaciones ferroviarias ruinosas y sus campos podados. Un bidón y un gran rodillo de cable eléctrico. Nos dan la bienvenida. Madames et monsieurs la prochaine station c’est Valdepeñas. Tres gigantes desaspados vigilan ésta insólita mancha verde. Money for voyeur á Grenade. Eso quieren. Yes. Desde el poblachón manchego. Desde Kansas City. You speak english?.  La vieja vuelve a su Graná. El arduo y edificante cinturón sur de Madrid, Bye, bye. Por allí camina de nuevo D. Quijote. Entre los riegos por aspersión. Sancho Panza me pide el billete. Ida y vuelta ¡OK!. Por fin por Despeñaperros entramos en el misterioso reino. Los cerros de olivar cortan la Mancha de Jaén. Chaca chaca chaca chacha chaca piiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Se reducirá de 6 horas a 5 en el 92. Bien. España en obras, para entonces será otra obra. Más como Alemania. ¿Vous parlez francais?. Conforme baja al sur, más lento va. Aquí es donde encuentra mayor resistencia.

Madrid

Madrid, Madrid me desesperas

levanta ya tus posaderas

de tanto mirar tus estampas

se van a reír de ti

Eso dice la copla pero no es para tanto. Uno no se siente forastero en Madrid. Se dice que Madrid es como una puta que encima no cobra.  Los gallegos son limpiadoras, encargados de gasolinera, dibujantes en las aceras. Los japoneses son los turistas, excuse me. Por la mañana el airecillo meseteño y a mediodía el calor meridional. Madrid, ni que decir hay. Es una ciudad muy española. En la Plaza Mayor había un extremeño que mientras hablaba con complaciencia, se agarraba los huevos. Otro sentado en un banco le contaba a un turista japonés lo sinvergüenzas que somos los españoles, que si las drogas que si no sé que, que no tenemos apaño. Una vieja en un bar con pinta de borracha comenta en voz alta que no sabe como aguanta a su marido tantos años. En el Ateneo dos sesentones y un joven gordito le gritan a una conferenciante que el rey Juan Carlos es un sinvergüenza. Hay pelea y la discusión sigue un buen rato, una defendiendo el sistema democrático actual y otros que si mira el Guerra y su hermano lo sinvergüenzas que son. España eterna. Eh, es que tengo yo cara de guiri o qué no seáis ladrones que somos todos españoles. En el Retiro algunas echan las cartas, otros pasean, otros son yankis y se ven chulapones madrileños vendiendo barquillos. Muchos japoneses. Niñas de la calle Serrano vestidas con Don Algodón. Cateto de la meseta con boina en la estación de vista en la capital. Se acabó la movida y no ha dejado ni rastro. Ya no sabe Madrid en qué tiempo vive, ya esto se va pareciendo más a Bélgica. La gente se aburre.

Una semana en el Nacimiento del Río Castril

(Verano del 86)

Estuvimos acampados en la Saludada. Uno de los días visitamos las tobas del Barranco de la Magdalena.

Hablo con el pastor del Nacimiento Adelino. Es de la familia de los Aguardientes. Allí tiene unas pequeñas tierras de regadío y su rebaño de ovejas. Con esto y 45.000 pesetas que recibe de subsidio del estado saca adelante a su familia, mujer y siete hijos.

Me comenta lo buena que es el agua de la Fuente de Morcillo y lo mala que es la de la ciudad, una vez que estuvo viviendo allí.

Dice que hay que trabajar más de lo que a uno se le pide. Si la jornada es de 8 horas pues trabajar 9. Añade que el carnet de conducir es como una carrera y va a comprar una furgoneta para que un hijo suyo venda cosas en el pueblo.

“Tú lo que tienes que hacer es casarte con otra maestra”, añade. Y “no sé si entiendes las cosas que te digo pues tienes otras palabras”.

Adelino es el hatero del maestrillo del Barranco de Túnez. Maestro del pueblo de María se refugió allí para vivir en una apartada cabaña durante la guerra civil y allí se quedó.

Tengo curiosidad por conocerlo y ver como vive. El pastor me indica el camino de subida más directo hacia el valle donde vive, ascendiendo por un empinado canuto. Mis acompañantes no tienen interés ninguno en venir.

Llegando al final de él desisto, ascendidos unos 100 metros de desnivel, pues tenía dudas sobre el camino y éste era inclinado y peligroso. Por aquí sube y baja corriendo el viejo a sus 80 años. Existe un camino más largo y fácil. Sobre este hombre el periódico Ideal escribió un reportaje.

Publicado por Ramon Martinez Girón

Hice Magisterio y soy monitor de educación ambiental. Me gusta la montaña, la etnografía, la literatura y el arte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: