Cuaderno 6

(Primavera del 92)

El antojo de Hilario

Dijo Hilario:

La prisa es el peor de los vicios. Ese conocimiento se posa como hoja que cae oscilante. Cada tarea ha de durar su propio tiempo. La meta es el camino mismo. Cada punto de llegada es un punto de partida, es un ciclo continuo, un ritmo. Este ritmo es el de la naturaleza, como ésta el hombre ha de cambiar su camisa periódicamente, estacionalmente.

Hablo del reino de lo orgánico, de lo que fluye, donde no hay dos cosas iguales y éstas no escapan de sus redes de relaciones. Ante los ambientes cambiantes los seres regulan sus humores y tonos y el hombre puede experimentar a su capricho. También rectificar cuando los resultados no son los apetecidos y no es esclavo de otros hombres.

La armonía es la perfecta conjunción, la complementariedad de dos polos opuestos. Tened muy en cuenta que no os estoy ofreciendo el limbo…

Y diré más, me he dado cuenta que las ideas empiezan a no fluir por mi mente con garbo, que para seguir hablando necesito forzar la máquina, por lo que he decidido interrumpir mi perorata. El cuerpo me pide mirar esas hormigas, así que os dejo y siento no poder atender a vuestras observaciones.

Hilario, vendedor de sandías

Prosiguió Hilario:

Aunque procuras una mayor optimización y racionalización en la explotación de los recursos, las nubes bajan y los pajarillos de Hichcock cantan.

Así, mientras sigas dando palos de ciego en tierra tacaña, podrás hacer ironías, sarcasmos, eufemismos y chanzas con los que lanzar mensajes subrepticios. Podrás contar mentiras que digan algunas verdades.

Y si las suelas de tus zapatos siguen medio despegadas, podrás pensar que hay que ver cuánto mono,  y continuar con tus frívolas transgresiones sobre la masa y sus lugares comunes.

Si eres gorrón y te gusta el pan negro es porque tratas de escapar de la rutina, de lo que ya está trillado. ¡Qué funcionen otros con piloto automático!, dices.

En la época que no llega la normalización, ni la colocación, podrás aducir que gracias al caos y a los saltadores de tapias existe la evolución, y que es por ello que dejamos de ser bacterias.

Es normal que te hayas arañado el brazo, mientras absorto contemplabas los titulares, es que luchas en primera línea.

Que aumenta tu colección de latas de conservas y siguen quietos los pomos de las puertas , entonces puedes seguir cultivando tu weltanschaung.

Oyes los claxons de los coches muy temprano. Te dirás en la cama que tú eres diferente.

En el caso que aparezca un calcetín en tu potaje y tengas un error en el procedimiento te burlarás de las sutiles tournants literarias.

Tropiezas con colas de opositores, con colas en los supermercados, con colas en las oficinas de información al consumidor, entonces buscas los espacios abiertos dejando que los asuntos se resuelvan por sí solos.

Frente a la fábrica o el edificio de oficinas  razonas que esos trabajos no están hechos para ti, que son demasiado mecánicos y repetitivos, que los engranajes son rígidos, aunque como la barriga manda, sino tuvieras más remedio los aceptarías. Entonces dejarías de vivir del cuento.

Pero tú quizás ya no podrías vivir sin cuentos, entonces buscarías ganarte la vida, por ejemplo, vendiendo sandías…

La ruta de la suerte

(Sierra de Segura, 30 de Abril al 3 de Mayo del 92)

Es farragoso el acceso en transporte público a Pontones:  tomo el autobús de Jaén, allí hago trasbordo con dirección a Beas de Segura,  a partir de aquí un nuevo autobús me conducirá  a Pontones.

En Villanueva del Arzobispo se queda el conductor pensativo, algo no le encaja. Revisa los billetes. De pronto se le acerca un hombre de Santiago de la Espada y le comenta que se ha equivocado al expedirle el billete, que lo quería para Beas y se lo ha dado para Mancha Real. Le contesta el conductor: y no se dio cuenta usted que el billete costaba 500 y sólo pagó 75, le recrimina. El santiagués echándole cara al asunto le responde que no. Situación embarazosa.

El último trayecto estoy acompañado por estudiantes que vuelven a pasar el puente con sus familias. Como es primavera y son adolescentes, cuentan chistes verdes. Su aspecto físico, su calitre es más céltico que íbero.

Me bajo en el cruce a Pontón Alto y subo por Fuente Segura al Nacimiento del Río Segura. Paso junto a caseríos medio vacíos en éstas fechas, casas viejas de aspecto sombrío y siniestro conforme oscurece. Unos vecinos me indican el camino.

Así que éste es el Nacimiento del Río Segura: de una oquedad sale un venero formando una poza o balsa. Aquí hay una zona acondicionada para domingueros y un refugio forestal.  Charlo un rato con dos espeleólogos alicantinos que al día siguiente van a explorar la cavidad con sus equipos de espeleobuceo.

Al pie de un gran roble me tumbo para pasar la noche sobre mi colchoneta de goma espuma, enfundado en dos sacos de dormir. No paso frío.

A la mañana siguiente los alicantinos se ofrecen a llevarme a Pontones en su coche. Acepto. Son gente agradable. Me comentan que qué hago yo por allí siendo el día de la Cruz en Granada. Nos despedimos deseándonos suerte en nuestros respectivos itinerarios.

Desde Pontones me guío por la nueva línea eléctrica que va a Poyotello. Atravieso unas riscas y llego a la adea que está en un lugar muy agradable sobre una cornisa.

El día es bueno. Hablo con un vecino de aspecto muy rústico que me recuerda a el Fary , que sino me equivoco es de por aquí: Albacete. Me indica el camino a la Cueva del Agua y la aldea de Huelga Utrera.

Comienzo el descenso al Río Segura, por una vereda bien marcada que ya llegando al fondo del cañón va labrada en el tajo. El valle es paradisíaco, muy verde, de aspecto salvaje y  virgen. La Cueva del Agua aparece bien visible junto al sendero. Es una gran oquedad aprovechada para guarecer ganado de la que sale un reguero de agua.

Prosigo el descenso valle abajo por una vereda bien marcada que trancurre por el lado derecho del río al pie de grandes tajos. El paraje tiene un aspecto muy pirenaico y está poblado por árboles mayormente caducifolios como chopos y pinos. Comienzan a aparecer sembrados y la aldea de Huelga Utrera se hace visible.

Allí como y descanso. Después hablo con unas mujeres. Una de ellas tiene ocho hijos repartidos por la costa mediterránea donde sí hay trabajo.  Dice que viven como conejos en pisos y  están deseando escaparse a la aldea. En la zona están comprando muchos cortijos gente levantina para veranear.

Prosigo mi camino hasta la Venta de Rampiás ya en el Valle del Río Madera, pasando por algún cortijillo muy agradable con huerta cultivada, habitado por una pareja de ancianos.  Desde la venta subo a Los Anchos.

Aquí me encuentro de nuevo con Vicente de Majá Oscura. Me reconoce. Lo encuentro más introvertido. Está bastante cambiado de aspecto, más gordo, y sigue soltero. Me comenta que está teniendo desavenencias con los nuevos vecinos forasteros. Que son gente cerrada y rara y que a él lo que le va es la naturalidad de sus paisanos. Al alemán lo han metido en la cárcel por asuntos de droga. El pedáneo está ahora en Orcera donde enseña árabe.

Vicente se ofrece a buscarme un sitio para pasar la noche. Pero le digo que me gusta pasarla al raso si el tiempo es bueno. Le doy una fotografía que le hice cuatro años atrás. Un poquito loco sí sigue estando…

Un maestro inspector a principios de siglo escribió que Santiago de la Espada era el municipio más atrasado de España. Señala que los muchachos del pueblo no conocían la rueda (¡?).  A lo que no sería ajeno su aislamiento y complicada orografía. Pues bien, las cosas poco a poco van cambiando. A los Anchos ha llegado un nuevo fetiche, el teléfono. Adornado con calcomanías preside la habitación de la casa donde entro a hacer una llamada: ¿Cuánto es?. Mírelo en el contador. Aquí pone doce. Pues eso será, es que yo no sé de números.  El paso está a siete pesetas haga usted la cuenta. Tome. Adiós.

Paso la noche en una era por encima de los Anchos. Justo a la hora de levantarme empieza a chispear. Me refugio junto a la ermita.  Cuando afloja tomo la pista que me llevará a Rocanales en R. Madera. A la altura del campamento de la Morringa descarga un chaparrón y me guarezco en las duchas de la instalación. Suerte que me ha cogido aquí.  Cuando afloja la lluvia prosigo hasta los Cortijos de Rocanales donde en un bar me tomo un café con leche. Aquí hay bastantes turistas.

Me cruzo con un guarda forestal y le pregunto si hay por allí algún refugio por si sigue la lluvia. No hay y me comenta que como yo voy,  andando con mochila, está prohibido ir. Alucino. Que yo sepa en Ordesa que tiene un nivel de protección mayor, todo el mundo va andando y con mochila. Con los burrócratas no se puede. Se me ocurre responderle si es que hay que ir a la pata coja o tocandose los… pero me controlo.

Un poco por encima, Río Madera arriba, me recoge en autostop un maestro de Burgos que está con sus alumnos de Valdepeñas en el Campamento Vivero Montesinos. El día sigue lluvioso, así que hay que ir a lo seguro. Mi compañero de gremio es amable y hospitalario y me invita a una paella. También me puedo marchar con ellos sin problemas en autobús a Orcera. Me doy una vuelta por el río y me tumbo bajo una fina llovizna. Canturreos tribales.

Lo de la paella me da corte y me como unas latas que me quedaban. Partimos en el autobús haciendo parada en Segura de la Sierra, el pueblo es muy pintoresco. En Orcera me despido y le doy al conductor para una cerveza por las molestias. La noche la paso en un hostal decente del pueblo.

Al día siguiente, que cae en domingo,  como tapeando en el casino y en otro bar que hay más arriba.  En el primero hay gente más acomodada, todos trajeados ven absortos una corrida de toros que dan por televisión. En el otro establecimiento la gente se ve de clase más trabajadora todos con su gorra beben cerveza mientras siguen también la corrida sin pestañear. La Andalucía de los estratos.  A las dos tomo el autobús a Granada. Atrás queda la sierra recién nevada.

Hilario en el casino

En el casino de un pueblo grande de Jaén, Hilario habla con un joven extranjero, mientras miran los vasos de vino que hay sobre la mesa de mármol ante la que están sentados:

  • El escepticismo crece con los años. Los españoles sois gente excesiva.
  • Pues desde que los cristianos nuevos están en el poder esto se está civilizando. Y quizás perdiendo su sal.
  • Y qué me dices de esos nacionalistas paranoicos que tenéis repartidos por todos los rincones.
  • Es un virus que va pasando.
  • ¿Seguro?. Yo no lo estaría tanto.
  • Es que los del norte, más ricos no quieren saber mucho se éste sur.
  • En Gran Bretaña hay otras preocupaciones.
  • ¿Por ejemplo?
  • Se oyen comentarios cínicos a propósito de las actividades de los artistas…
  • Te aseguro,  que a veces lo entiendo.  Por ejemplo en el caso del cantautor “pepito grillo”.
  • Creo que R. Ford fué muy agudo en sus medias verdades sobre el andaluz y su carácter.
  • Sí aunque mira por encima del hombro y sobran los prejuicios, cuando vosotros tenéis un trago.
  • Dos tragos

Beben los dos.

  • Me llamó la atención,  eso que escribió que el andaluz ha terminado creyéndose su propia mentira – añadió el joven extranjero-.
  • Es que es un pueblo sensato.

Señales

El aire del norte y le viento del sur mueven tu flequillo.

El agua de abril cae sobre tu carnosa nariz.

Esa camiseta blanca interior perfila bien tu cuello desnudo.

Tu andar es leve.

Decías que sólo necesitabas un amigo

pero la vida te agarró bien

y te señaló un amor.

Ese camino está bien marcado.

Una popular análoga del Río:

Aire que me lleva el aire,

aire que el aire me lleva.

Aire que me lleva el aire,

el aire de mi morena.

Hilario y el hablador

En otro stand de la exposición un hombre maduro gritaba:

  • Líricos pusilánimes que empujáis detrás de los limbos con ensoñaciones y utopías que traen las guerras, no habléis más en nombre del pueblo. Embebidos de vosotros mismos preparáis las oposiciones al santoral. Os tomáis muy en serio, creyéndoos los reyes de la creación y todo porque un día se enterneció vuestro pobre corazón mientras mirábais un horizonte.
  • Maldito histrión -gritó Hilario desde la grada- .  ¿Quien eres tú para hablar así: un ignorante, un resentido…? Levantas la voz contra otros a quienes caricaturizas. Todos tenemos contradicciones. Tienes acaso tú una obra, un expediente,  un diploma o salvoconducto que te haga inmune a los inevitables peligros que nos acechan a todos.  ¿Es que acaso estás tú por encima del bien y del mal…? Que hechos justifican tus sermones parciales y llenos de prejuicios.
  • Tienes razón, pero es que hay veces que por navegar a contracorriente no se tienen buenos sentimientos. Más bien debería decir que los horizontes hay que saber mirarlos.
  • Así está mucho mejor -respondió Hilario.

Imaginación

Un artista de vanguardia popular ha recomendado algo así como: recréate con la acción apetecida sin llegar a consumarla pues con el acto se va la magia.  Cualquier pensaría que se refiere a ciertos placeres mundanos, próximos a la sensibilidad del voyeur.

Aquí nos referiremos  a la fuerza de la imaginación en general. Gentes de naturaleza contemplativa, con una interiorización mayor de las acciones, de asimilación de las percepciones lenta y profunda, pueden disfrutar más de los planes y preliminares que del hecho en sí.

Para una imaginaria tribu que habite en la falda de una cadena montañosa inaccesible debe resultar muy vital e imaginativo poblar la otra vertiente con criaturas extrañas y mundos extraños, exóticos Sangri-las.

Como dual es la naturaleza humana junto a idealizados mundos transmontañosos pueden aparecer otro tipo de mundos sombríos donde  la superstición encuentra su lugar.

Si un día un nativo de aquí logra  rebasar la cadena y descubre que al otro lado vivía una tribu muy similar a la que procede, es posible que mate mucha de la energía imaginativa de su pueblo, superando idealizaciones y supersticiones, pero eso sí a cambio de mayor sosiego.

No sé si será por algo así que  los catedráticos pueden parecernos unos muermos. Siempre es posible descubrir nuevos aspectos de algo, sobre todo si se es creativo. Aunque contraproducente para ello es el exceso de información. Por ello hay un derecho sagrado hoy en peligro, el derecho a desconectar.

Esperemos que para el nuevo milenio no falten las interrogaciones, sino el partido ya se habrá jugado. Todo lo que nace, muere. Estilos musicales llegan a su apogeo y declinan. Un peligro la sobreexplotación.

Hilario y el campesino

  • Buenas -saluda Hilario a un campesino que hay junto a la fuente-.
  • Hola
  • Buen chorro cae y  qué fresquita está…
  • Ese es el  caño pa las bestias.
  • Ah! no se preocupe yo no soy delicao.
  • Vaya,  como aprieta ya…  ¿eh?
  • Sí ya tenemos el verano más antes que después.
  • Y valga la redundancia. Pues por aquí debe de ser más fresco que en esas Andalucías de por ahí abajo.
  • Ahí está.
  • ¿Quién?  -Me vuelvo-.
  • Ná hombre,  que tiene usted razón.

Nos quedamos un rato callados. El campesino se ha quedado sentado redondo, su aire es parsimonioso de infinita paciencia. Sus ojos son crédulos.  Voy a jugar un poco, me digo.

  • Vengo un poco asustado, sabe usted.
  • ¿Porqué?
  • Es que se han escapado uno del penal y dicen que se han escondido por éstas sierras.

Sus ojos se dilatan y se queda pensativo.

  • Le ha hecho usted algo.
  • Pues no.
  • Pues entonces porqué se va a meter con usted.
  • Tiene usted razón no había caído.
  • Ahí está.
  • ¿Quién? -Me vuelvo asustado-.

El tío no se inmuta.

  • Ah!, entiendo. ¿Me permite que le eche una foto?
  • Sí hombre, como si me quieres sacar un reportaje.
  • Es que como usted van quedando ya pocos.
  • Sí,  yo soy de los de antes.

Así como que me llamo Hilario que éste se tiene que inmutar -me digo-.

  • ¿Ha oído usted lo que ha dicho el telediario?
  • No, yo no tengo tele.
  • Hace usted bien. Aunque a veces se entera uno de cosas buenas. Pues ha dicho uno del gobierno que para que no se quede vacío el campo español van a doblar las pagas a los agricultores.

El hombre tuerce el gesto y cambia de color. Me he pasado, medito. Ay que ver que mala leche tengo. Y ahora como arreglo yo esto. Unos buenos garrotazos me debía de dar éste buen hombre. ¿Es que no tendrás algo mejor que hacer estúpido cretino?

  • Pero las pagas son para lo que no llegan a 45 años.
  • Cago en…
  • Perdone si le había creado falsas expectativas…
  • Cá, si yo no me enfado por eso hombre. Tengo lo que necesito. Es que me ha picado una avispa de éstas que revolotean sobre el caño.
  • Vaya día que llevo…
  • Ahí está
  • ¿Quién?. Ah!, es una manera de hablar…
  • No, ésta vez es la guardia civil.

Del coche sale un guardia y se dirige a mí.

  • ¿Por favor, el carnet de identidad?
  • ¿Buscan a alguien?

Pies

Se ven por debajo de las puertas,

pies gitanos descalzos sobre la nieve.

Se sienten bajo las heladas y húmedas sábanas,

Agarrotados y expansivos.

Abren caminos sobre suelas gastadas,

pies que se agarran a las piedras

Se utilizan en los viajes verdaderos,

pies inquietos y ávidos.

Pies que siguen a otros pies, pies gandules,

pies ligeros, pies negros.

Ampollas en los pies,

tras las correrías.

Los pies son amigos de la tierra.

Hilario se echa al monte

Hilario un día cogió su caballo y se tiró a la sierra. Ya sea porque en la ciudad no encontró la manera de hacer las cosas a su modo, pues siempre hay lametraserillos y correveidiles que lo tienen todo controlado a las órdenes de su señor. Ya sea porque no era de su agrado ver mucha gente junta, juzgándolo como cosa fea, sobre todo cuando se formaban grandes colas en las tiendas y los veía abrirse paso a codazos, espectáculo poco digno a sus ojos. De esa guisa se ponen algunos cuando del buche se trata. O quizás porque simplemente se lo pidió el cuerpo, cosa que parece más posible y cuadra más con el temperamento de ésta clase de gente. O todo, junto.

Bueno el caso es que allí lo veremos en los puertos, cobrando peajes a los correos de los ricachuelos, éstos que no tienen más oficio que pasearse por la plaza con las manos cogidas atrás y dejar preñadas a todas las mozas que se les ponen a tiro. Y el hombre le cogió gusto a ésta forma de existencia y si algún correo le preguntaba porqué lo hacía, el respondía que porque le daba la gana.

Y la fama de Hilario creció, vaya si creció rebasando los límites de la comarca. Ése sí que jugó fuerte, estuvo saltando sobre la raya un buen tiempo, bajo esa emoción fronteriza que sólo algunos conocen, practicando el arte de la supervivencia. Y como todo lo hacía con clase y no se le conocieron delitos de sangre los serranos le ayudaban. Le instruyeron en la caza y en la ganadería, y lo de los peajes lo fue dejando poco a poco.  Le pareció un hallazgo lo de vivir al día y vio que el sacrificio así era menor que asegurarse el porvenir y la comodidad con la rutina de las hormigas. Se convenció que el no estaba hecho para eso.

Y en algunos de los asalariados de los poderosos reducidos casi a la nada por tanto servilismo acumulado durante años fue creciendo el resentimiento y se convirtió en algo obsesivo capturar al disidente, pues les recordaba continuamente lo miserable de su existencia: él libre, ellos cautivos.  Y como ustedes pueden adivinar, pues ésta historia no es del todo nueva, Hilario se prendó de una serrana y se unieron y tuvieron dos hijos. Mientras su fama no dejaba de crecer. Y éstos días fueron para él de los mejores.

Fueron a por él uno a uno pues todos en la ciudad querían llevarse la gloria de haber capturado a Hilario. Es presumible pues, un final triste para ésta historia ya se sabe que la muchedumbre todo lo arrasa. Pero en éste caso Hilario que de tonto no tenía un pelo urdió sus planes. Después de burlar a unos cuántos de sus perseguidores, se dirigió al defensor del pueblo. Este encontró muy poética la historia, así que mandó que se retiraran los cargos contra él.

Los comentaristas

Los comentaristas charlatanes son especialistas en hablar de todo. Los más en meter la pata. Los ingeniosos resultan atractivos por lo que tienen de espectáculo. Estos listillos agarran, manipulan y dejan el paquete vistoso. Son magistrales a la hora de arrimar el ascua a su sardina. Porque no saben o no les interesa, utilizan sólo aquella perspectiva que les es más propicia para que sus asuntos queden bien atados.

En caso de tener en cuenta otros aspectos o perspectivas más incómodos se sentirían confusos, aparecerían los sentimientos encontrados y su voz se volvería dubitativa o tendrían que guardar silencio. Es decir tendrían que callarse unos interminables intervalos de tiempo y para ésta gente tan pagada de sí misma, esto sería claudicar ante el enemigo, pues para ellos todo son contiendas.

No les interesa el conocimiento, más bien que su voz se oiga para mantenerse en el puesto. Para ello saben que es necesario soltar una ajustada coz de vez en cuando. Lo que son prejuicios, fobias y algún resentimiento quieren elevarlos a la categoría de méritos.

Han descubierto la democracia, el liberalismo y los derechos del ciudadano y erre que erre todo lo meten por el mismo agujero. Oyen con cara de aburrimiento a los eruditos y como quiera que estos últimos se suelen cuidar de llamar al pan pan y al vino vino, es decir no señalan claros culpables esto les incomoda. El pueblo quiere sangre y ellos la proporcionan.

Pero de todo hay en la viña del Señor y hay comentaristas que nos brindan con desparpajo patrio amenas y chispeantes tertulias salpicadas de genio y gracia.  En ellas es posible descifrar lo más granado del carácter nacional, sobre todo lo que se refiere a las virtudes.

Por ejemplo el secular anarquismo individualista del español, es decir “el yo hago esto porque me da la gana” lo que hace que no sea fácilmente manipulable. El enemigo son las leyes y las reglas que coartan la sagrada libertad individual, aunque está claro que hasta un punto. También la fina ironía de un pueblo sabio tan veteado por la historia. El compatriota está de vuelta de todo o casi todo.

En éstas charlas hay poco respeto por ciertas propuestas racionalizadoras, por ejemplo, las recomendaciones que se derivan del último estudio sociológico. Dice un eminente tertuliano: “Lo que sabe casi todo el mundo por mera intuición, unos señores con concienzudas encuestas, que por cierto que parecen tener fé ciega en la sinceridad del paisano, nos lo anuncian bajo bombo y platillo con el boato propio de la ciencia.”

Hilario el traidor

Dijo Hilario:

Me he vuelto materialista con el radicalismo del converso y como soy poco sistemático en la recogida de datos me escaqueo y me voy de cañas.  Ahora desprecio las tecnologías alternativas y me gustan las cosas trilladas son más cómodas. Amo lo práctico, lo cuantitativo, la economía. Odio lo cualitativo, lo estético y la diversidad que son cosas de comunistas y mariquitas.

He aprendido a ser astutamente agresivo, a utilizar a la gente.  Son hábitos que dan fuerza e imprimen carácter. Antes cuando entraba en un bar, en vez de concentrarme  en la tabla de menús, se me iba la boca hablando por ejemplo del tipo de épica válida en el mundo de la eficacia y gilipolleces por el estilo. Qué superyo tan hijo puta tenía. Jodido idealista. Quien me creía yo que era.

Antes me gustaban las películas de aventuras tipo boy scouts, o de artistillas, todos locos, ahora las que me gusta son las de mafiosos que transcurren en Chicago o el Rambo o el Terminator que ese sí los tiene bien puestos. Hubo películas que me gustaron españolas. Yo era cateto, ya no. A fuerza de comer uno en buenos restaurantes se vuelve uno cosmopolita.

Los escrúpulos más vale dejarlos aparcados, son de gente soberbia. Mi ego masculino crecerá cada día al compás de mi cuenta corriente que por cierto será lo único que controle. No me gusta la aventura, quiero controlar las cosas que hay a mi alrededor. Voy a disfrutar de los placeres de la vida. Antes hacía bromas fáciles sobre ciertas actividades que enseñaban más mis carencias que mi ingenio.

Sí ya sé que hay algunos que se mantienen firmes en sus convicciones, que tienen sólidos principios y muy claros ideales…

Las formas y la ciencia

Son ciencias morfológicas aquellas en el que el componente formal o visual es la base.  Es decir tratan del mundo de las tecnologías, viviendas, utillaje, los caracteres físicos, la estética, el arte, especies animales y vegetales, la geografía. Un gigantesco catálogo siempre abierto sobre la diversidad del mundo. Aquellas fascinantes enciclopedias infantiles salpicadas de ilustraciones donde aparecían el inventario del esplendor del mundo.

Parece que existe una fuerte tendencia en la actualidad a que éste catálogo sea cada vez más pequeño, por lo menos en cuanto a especies vivas se refiere, ya que es cierto que siempre podrán conservarse en los museos. Otro tanto podría decirse de las lenguas y los pueblos y sus culturas.

Aranzadi fue un antropólogo vasco que lo mismo estudiaba el carro chillón, que hacía un inventario de setas de su tierra o estudios sobre la antropología física de sus paisanos. Luis de Hoyos otro representativo etnógrafo de la época era geólogo de profesión.  Rocas, cartografía etnográfica y antropología física, materias de sus trabajos, nos dicen que el universo visual es uno.

De las ciencias puras, la física, venía también el antropólogo patriarca Boas. Sus primeros estudios fueron acerca de la influencia del medio físico en la cultura de un grupo esquimal. Caro Baroja puso interés en el aspecto morfológico de la cultura.

Las ciencias morfológicas estarían quizás más cerca del esteta que del intelectual racionalista. Más bien preocupado por el mundo de las ideas.

Hilario el sensato

Nada mejor para el nacionalista acérrimo que viajar. Nada mejor para el alienado alineado que conocer gente. En tu ingenuidad puedes pensar, esto es un engaño, mienten…

Antes de empezar a despotricar del mundo y de otra gente, ocúpate primero de ti mismo.  Es sumamente recomendable para la salud ser ecuánime y mesurado, dominar el corazón, no dejarse llevar por los sentimientos.

Hay que evitar en lo posible hacer juicios de valor. Ocúpate de lo que te guste e ignora lo que te disguste. Desarrolla tus habilidades, afronta desafíos, pon en marcha tu cerebro. Ocúpate de cosas útiles. No gastes tu energía en disparos de artificio. La crítica es cosa incómoda e improductiva.  Los protagonistas de las novelas Hambre de Hamsun o El extranjero de Camus  no se quejan.

Frank Lloyd Whrigh

Arquitecto americano representante del organicismo naturalista. Aunque alejado del purismo de Ruskin y otros miméticos con el medio natural. La casa como tensión de fuerzas, salvaguarda de la libertad del individuo, núcleo plástico.  The Prairies Houses. Precursor de la casa civil americana de la posguerra. Hermandad de Tallahasse, comunidad cuasi oriental de maestro y discípulos. Influencias japonesas. Hábitats en sociedades orgánicas de espaldas a la ciudad. Para él el arte ahistórico es el verdaderamente creativo. Casa abierta al exterior, al medio natural, integración, adaptación al hombre y cultura. Los materiales modernos son aprovechables. La Casa de la Cascada. Figura en lo personal controvertida. No se sentía valorado en su región. Marchó a Arizona. Gente más optimista. En el desierto otra Tallahasee. Empezó plenamente enfrentado al capitalismo y fue adaptándose progresivamente a él. Reacción a su expansión desenfrenada. Influencias en Alvar Aalto finlandés, arquitectura moderna finlandesa. Gaudí también orgánico, líneas no rectas.  

Publicado por Ramon Martinez Girón

Hice Magisterio y soy monitor de educación ambiental. Me gusta la montaña, la etnografía, la literatura y el arte.

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