Cuaderno 3

(Invierno-Primavera de 1991)

Sobre tradición oral del Río de Baza y otros

“Una vez en un pueblo de la provincia de Almería, Oria o por esa zona, había un secadero de higos instalado, cuando llega un águila coge un higo y huye. En esto se enteran los del pueblo y salen todos a rescatar el higo…”

Este cuentecillo propio del Río de Baza, nos habla con ironía de la pobreza de los almerienses de entonces en boca de bastetanos y de la importancia que tenían los higos en su dieta alimenticia, comida de pobres. El águila es protagonista de otros cuentos por la zona.

En el Río de Baza había una zona que le decían Las Terreras del Algarve que se cuenta fue sitio donde vivieron los moros y hoy se ven cuevecillas por ahí. Cerca vivía el Tío Pancho a principios de siglo. Llevaba sombrero calañés. Contaba que por ese sitio le había salido algún fantasma y decía que se trataba de un abuelo difunto.

También en el Rio de Baza había dos o tres cuevas que se llamaban de Carasoles y en una de ellas vivía a principios de siglo la Tía Carasola sola. Esta era mujer decidida y valiente, liberal en el amor.

A los jienenses se los conoce por Huéscar como la gente del botijo. Desde la Andalucía Baja la llaman la tierra del ronquío por su jota pronunciada sin aspiración.

Después y antes de la guerra en Huéscar se liaban grandes batallas a pedradas entre bandas de muchachos. En el Cerro de los Cuartos se peleaban los de Huéscar y Galera, en otros sitios los de las cuevas y los del núcleo de Huéscar. Se ponían a 15 metros o así y se liaban a pedrás con onda o sin ella.

Dejando algo salvaje

Dejando crecer los castaños a su ritmo,

dejando sin piedras el bancal conquistado a la pendiente,

dejando las cercas erguidas y pintadas,

dejando que el lobo baje de vez en cuando

dejando que las estaciones cambien de manera imperceptible,

dejando que los vecinos se equivoquen de semilla,

dejando que las veredas se borren en aquella parte,

dejando que el torrente mueva la piedra del molino,

dejando que la escarcha visite las plantaciones tardías,

dejando que nos sobrevuelen las águilas y los cuervos,

dejando los estómagos servidos,

dejando que los niños aprendan a andar,

dejando que a la niebla le suceda el sol,

dejando que el chorro de agua salte frente a la puerta,

dejando algo salvaje.

Hay algo allí

A rachas llega algo en esa dirección, un resplandor.

Me subo a los árboles pero es difícil divisarlo mejor.

Trato de abrirme paso en el bosque pero no logro avanzar mucho.

Destruyo un muro y luego construyo otro y el fulgor se hace más fuerte.

Hay algo allí que tiene sentido por sí mismo

Que es alegre y triste, comprensible y caprichoso.

Que si se aferra se escapa de las manos como un niño chico.

Reino de los sentidos lo mismo viene con los vientos que con el atardecer.

Hay algo allí que es como una lotería,

Una persona, un lugar, una circunstancia, le da vida.

Una persona, un lugar, una circunstancia, lo apaga.

Es como si volara y hubiera que saltar alto para que topara contigo.

Esa rara ave, es parte de nosotros mismos.

Verano

El mejendero de soga no descansa un momento.

La burra se para cuando huele a vino.

Los inquietos ojos del niño se atiborran de sol.

Las calles están desiertas a las cuatro de la tarde.

La furgoneta del panadero serpentea el camino de la solana.

Mirada infantil, como en trance, escruta entre los empedrados del zaguán.

Sí, el pajar es nuestra torre.

Las salamanquesas atraviesan las paredes, veloces en la noche.

Los árboles alineados a los lados de la carretera nos protegen.

¡Qué cosas tienen los hijos del propietario de la finca!

Fuera de la sombra, los movimientos son más lentos.

Sillas en la puerta al anochecer y brazos cruzados.

El afilaor lanza su sonido de flauta al sol.

El verano no es igual en todos sitios.

El país de los ritmos cadenciosos

Vayamos al país donde los ritmos son cadenciosos

Coge el macuto y llénalo de cajas vacías.

Toma muestras por el camino, para no perdernos.

Vayamos allí donde los ojos lanzan esquivos destellos furtivos.

Donde las bocas susurran indescifrables estribillos

que se confunden con el murmullo de las cosas y los seres.

Vayamos al país donde corretean desbocados los ímpetus, afanes y pasiones.

Allí donde es posible ser terco y obstinado.

Es lugar propicio para clubs imaginarios

donde buenos y malos vientos hacen bailar a las ortigas y los helechos.

Vayamos al país de los remolinos, las trenzas y los flequillos.

Reino de los gestos, las muecas y las mofas.

Región de los planos y los planes.

Es posible allí realizar pruebas y comprobar los resultados.

Vayamos al país donde los ritmos son cadenciosos.

Sí, busquemos ese sitio.

Montañas

La Alcazaba. Desde la Vereda de la Estrella, se percibe ésta montaña como si se tratara de una fortaleza infranqueable donde las formas curvas y rectas se complementan en armonía, dándole una extraña y exótica dimensión a la región en que se alza. Parecen montañas del Asia Menor, en la que habitaran austeras tribus de pastores nómadas. Y es que su disposición y entorno le confieren unas exageradas proporciones en cuanto a su tamaño real. Qué montaña tan sugestiva, con algo de animal y maternal. ¿Qué regiones se adivinan detrás? ¿De qué extraño país se trata?.

 Otras. Posets, Anayet, Cervino, Bagiratti, Aiguille Vert, Jirishanka, Ama Dablan, Sagra,  Jannu, Chacraraju, Ushba, Assiniboine…

Más tradición oral, peregrinación al Saliente

Francisco Castaño a principios de siglo fue de peregrinación a la  Ermita del Saliente en Los Vélez. Lo llevó su padre al superar una enfermedad algo grave para cumplir la promesa. Salieron a la 1 de la madrugada y volvieron a la noche siguiente, sin descansar. Llevaban un borriquillo con agua y comida. En el camino sólo pararon en el Cortijo del Madroñal donde tenían familia. En la ermita vieron la procesión, entregaron la promesa y volvieron con otra familia que quedó en el Cortijo del Collado de la Calavera. Había gente que cuando faltaban 2 km. o así, antes de llegar al Saliente, se ponían descalzos o subían a la ermita de rodillas. Había mucha animación y se organizaban bailes.

Invierno

Frío en la gran sala donde los niños hablan

La nieve cubre el corral y las chimeneas escupen el humo.

El viento cortante encajonado entre las hileras de casas

 enciende los mofletes de los niños.

Sabañones en las manos de los mayores y pupas en los labios de los menores.

Alguien se disfraza y corre calle abajo.

Ramas desnudas.

Sábanas heladas y húmedas, tierra húmeda.

Viejas con chales negros de lana, caras de cuero.

Montones de leña por los que saltan los gatos.

Castañas asadas y braseros de picón

Embutidos arrugados y resecos.

Música de cuerda y cuentos.

Charcos helados y cielo azul intenso.

Te pican las orejas.

Si procedemos del mono, si…

El aula estaba rodeada toda ella por descuidados setos, parcialmente visibles desde su interior, a través de las cristaleras de los grandes ventanales que ocupaban gran parte de las paredes laterales de la construcción. Andando por los caminos trazados entre los campos de juego tropecé con un muchacho que había salido súbitamente de la clase para limpiarse sus ropas manchadas de pintura. Entonces pensé en esas ideas que traía conmigo, pretensiones que parecieron afianzarse un poco más al escuchar aquellas voces y chillidos.

Pronto conocí a un individuo con parecidas motivaciones y su energía y determinación calaron hondo en mí. No hay duda, siempre es mejor tener ideas propias. Aunque es duro camino cuando la compañía viene hay de qué hablar. Por entonces ocurrió.

Reías la gracia a tu loca amiga cuando tenía extrañas ocurrencias. Pero tratabas pasar inadvertida y eso te ponía en evidencia. Ingenua sí, la gente del norte no suele entender el lenguaje de segundas intenciones del sur. Tú, junto a tu amiga nos mirabas de vez en cuando. Reías mucho y callabas. Algo querías esconder. Los diarios quehaceres y los múltiples temas de observación nos desdibujan y te difuminan a ti y tus inclinaciones. Las necesidades de la civilización no conducen siempre al progreso. ¿Fue antes mejor?.

Sí, hay veces que en los sueños se descubren cosas que la realidad urgente nos escondió.

Pelo castaño, largo y liso cayendo sobre los hombros. Pómulos algo salientes, pálidos. Cuerpo esbelto. Ojos vivos y escrutadores. Mirada inocente, pero no ingenua.

Algunos dicen que venimos del mono, otros que somos un experimento de los marcianos, otros que somos carne de su carne. Lo único que yo sé es que tu risa la llevo dentro.

Quedamos en ese sitio, pero esa mañana se me pegaron las sábanas. Me levanté tarde y corrí por las aceras. Con el apresuramiento me perdí. Ya con la hora cumplida anduve por algunas calles desconocidas. Llegué a una gran plaza que era conocida por sus locales de alterne, proseguí hacia el fondo y empecé a bajar por unas escaleras largas. Cuando de pronto te vi de espaldas.

Pero dudé. Ay!, Don Quijote con sus molinos de viento y su Dulcinea. Pero tu andar era inconfundible. De nuevo  ríes de nuevo callas. Así me gusta. No pienses en la organización escolar ni en esa tonta profesora, no te encarceles en la razón. Si venimos del mono, si somos un experimento de los marcianos, si somos carne de su carne…

Sobre cartografía etnográfica

Aunque de concepción teórica ya superada, los realizadores del Atlas de Folclore Suizo sacaron algunas provechosas conclusiones.

Aunque nos pueda parecer que en él se discuten aspectos y se olvidan otros de mayor interés, de él también se obtienen útiles enseñanzas.

Por ejemplo Weis, coautor con Geiger de la obra, señala que la frontera lingüística, con frecuencia no opone ningún obstáculo, a la propagación de los fenómenos etnográficos. Concluye pues que sobreestima la importancia de las fonteras lingüísticas como línea de separación cultural.

Estas observaciones las realizada propósito del descubrimiento de la línea Brüning – Napf – Reuss como frontera folclórica aproximada entre la Suiza oriental y la occidental, que no coincide con la frontera lingüística entre la suiza francesa y alemana. Aunque puede darse esta coincidencia.

Señala Weiss que la utilización del método geográfico en el estudio del folclore se realizó por primera vez en Alemania, merced a W. Pessler y su obra “Atlas del folclore aleman” cuyos inicios se remontan al año 1926, y cuyo método fecundó en otros países vecinos.

Un asunto que sería interesante conocer es las implicaciones políticas que se desprenden de ésta escuela. Por ejemplo F. Krüger  el autor del trabajo sobre la vivienda del Pirineo, en un comentario sobre dicho atlas publicado en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, en los años cincuenta, utiliza términos como “cruzada cultural” para animar la confección de dichos trabajos. Escribe desde la Universidad de Mendoza, ¿se trata de un exiliado alemán?.

Así concluye la reseña sobre dicho trabajo: “Hacemos votos porque los folcloristas españoles y portugueses encuentren en el CSIC y en el Instituto para la Alta Cultura la ayuda moral y material que necesitan”.

No sé si esta escuela antropólogica germana se vio infectada por el virus del nacionalismo fascista en mayor o menor medida pero saber de sus visicitudes en aquellos decisivos años sería asunto de interés para conocer el trasfondo ideológico en que se fraguaron dichas obras.

Como señala Fernández Mckintock, la antropología y en este caso el folclore como subdivisión realizado con un enfoque patriótico mantiene una situación tensa y distorsionada de la realidad, pues tiende a deshumanizar al “otro”. Aunque todos en mayor o menor medida arrastramos etnocentrismos, pues hablamos de campos subjetivos en que el sentimiento toma el protagonismo. ¿Desde qué ángulo pues se puede ser objetivo?.

En mi opinión una dosis pequeña de etnocentrismo es saludable pues sentir orgullo de la tierra donde nuestros ancestros derramaron su sudor es algo inherente a nuestra condición y naturaleza. Por otro lado ahí tenemos los excesos de la jerarquía de la tecnociencia, tan percibibles hoy con la llamada aldea global, resultante del modelo americano y su naturaleza socio-cultural expansionista. Con unas consecuencias no suficientemente denunciadas en cuanto al perjuicio que causan a la identidad de los distintos pueblos.

Ahí tenemos las obras de Husley, Orwel o Jünger para ponernos en guardia.

El hijo de los atlas folclóricos o mejor el nieto es la cartografía etnológica actual, con poca escuela en España, salvo el caso del País Vasco donde la escuela de Barandiarán los ha impulsado. No ha faltado quien ha denunciado la ideología nacionalista de los trabajos efectuados por dicha escuela y su incidencia en las conclusiones, puestas en tela de juicio. Podemos establecer algún paralelismo con lo anterior germano.

A un nivel más “antropológico” están realizados los atlas etnográficos de Murdock, en los que se intenta dar una visión comparativa de los caracteres etnológicos del conjunto de los pueblos de la tierra.

La escuela etnográfica soviética se especializó en los atlas histórico etnográficos de las distintas repúblicas de la URSS. Estos tienen un defecto más visible de carácter ideológico, su estrecha dependencia con respecto a las exigencias del poder y la doctrina marxista, único encuadre en el que eran concebibles los estudios etnográficos en dicho país.

Los llamados atlas lingüístico. Etnográficos promovidos en España por Alvar tienen un interés principalmente lingüístico. Se han realizado tres el de Andalucía, Canarias y el de Aragón, Navarra y la Rioja.

Marcha Güejar-Lugros o la ruta de la toponimia

(dos días de Abril del 91)

Saliendo desde Güejar he llegado hasta el collado del Mirador en la bifurcación de los Padules y el Camino de Lugros. He salvado los 800 metros de desnivel a buen ritmo, en dos horas.

El día es bueno y las vistas del Mulhacén, Alcazaba y Veleta son originales desde ésta perspectiva. En el Cjo. de Valderas había gente trabajando en una obra. Me han señalan que hay buen camino marcado hasta Lugros, veremos.

Desde el Mirador (11 h.) he tomado una bifurcación hacia la derecha. Este camino va al principio un poco por la arista de la Cuerda del Alguacil para al poco meterse en el lado izquierdo de la loma. Siguiendo a continuación a media ladera algo ascendente. El paisaje salvo algunos enclaves es algo duro y monótono. De vez en cuando un barranco o unas chorreras, por donde en el mapa pone Fuente de los Amigos.

Aparecen ventisqueros de nieve unas veces cortando el camino o dejándolo más o menos ancho. Sobre las 1.30 llego al Cortijo de Vicente el Bueno a casi 2000 metros de altitud. Allí hay un prado verde y vacas negras. Hay varias construcciones típicas de ésta zona pequeñas y remendadas con chapas, uralita, plásticos… El conjunto es abigarrado si le unimos los objetos por allí tirados, botellas de lejía, cajas de cerveza, ruedas de coches, cocinillas, latas y  más plásticos.

Como el collado no se ve y hay bastante nieve, decido bajar por el camino en dirección al Barranco de Soria. Lugar por donde hay una salida más baja hacia Lugros. Sobre las 5 de la tarde llego al Cjo. de Cuestecilla Herrera. Se encuentra en ruinas, sin techo. Allí hay unos buenos prados y una pequeña chopera donde descienden dos chorreras.

Me llama la atención como otras veces la tosquedad de éstas construcciones y sus reducidas dimensiones, sin duda emparentadas con otras parecidas del mediterráneo y Norte de Africa.  Dentro se ve en un muro un hueco con repisas. El horno está dentro. Parece que el techo era plano. Los muros son de losas de piedra.  Vigas de madera para sostener el techo.

Después de dormir en mi saco y bien abrigado bajo la chopera salgo a las 6 de la madrugada en dirección a Lugros por la Loma de Prado Malo. Al final de ésta doy algunas vueltas tontas, pues no se ve nada entre que no ha amanecido y hay niebla. Por fin se despeja y llego a la divisoria. Desde allí se ve el Valle de Lugros a donde me dejo caer por el Cjo. del Maguillo, saltando alguna que otra valla. Atravieso un bosque de chaparros.

Estoy en Lugros a las 11 h. Dejo la mochila en un bar y hablo con la dueña. Dice que el dinero del pueblo se lo llevan fuera, que hay mucho emigrante. Se ven muchas matrículas en los coches de Gerona. Una sorprendente demanda, oigo. Si puedo colocar a su niña en la capital…

Se ven mujeres enlutadas hasta las orejas. Unos jubilados hablan de comerse unos chotos.  “Tú no tienes huevos a hacer eso”, se dicen. En el autobús a Guadix, unas mujeres hablan de riñas y navajeos entre gitanos y payos. Vuelvo a Guadix a casa de mi hermana.

El descubridor ingenuo

Desperté y descubrí un rayo de sol,

andé y descubrí una trocha,

sudé y descubrí una piedra,

comí y descubrí una sombra,

descansé y descubrí un hueco entre los árboles,

divagué y descubrí unas huellas,

hable y descubrí un socarrón,

callé y descubrí un amigo,

miré hacia atrás y descubrí un vacío

con el tiempo descubrí algún desvarío

en un cruce descubrí otro camino

salté y descubrí un alivio,

entré en el poblado y descubrí sopor y lentitud,

me fijé en ella y descubrí algo mejor al socarrón.

Más tradición oral: la morisma,  la sangre y los fascistas

Hace 1000 años o más, vinieron los “fascistas”  y conquistaron Baza y Caniles. En Baza no quedaron moros al contrario que Caniles donde casi todos lo eran. Un antepasado del informante cuenta que a los moros de Caniles los conquistadores “le cambiaron la sangre mora, los sangraron por sangre cristiana”. A pesar de esto se solía decir hasta hace poco que los canileros eran descendientes de moros.

José el Venterillo vivía en el Río de Baza aunque sus orígenes estaban en Caniles y se decía o él  mismo lo decía que su padre descendía de moros.

Se dice así mismo que en varias zonas quedaron moros o vivieron allí, en las Cuevas de los Algarves (donde hay ruinas de antiguas construcciones), en frente del Perchel, en el Perchel mismo, en las Cuevas de Gálvez, en las de Jabalcón, en la Cueva Hundía,  etc…

La idea que se tiene de los moros es muy negativa pues se cuentan cosas como que en Melilla a principios de siglo, mujer cristiana que pillaban lavando fuera del recinto, mujer que colgaban. De los canileros se dice que son gente de poco fiar, traicioneros y violentos.

Regiones y revitalización cultural y lingüística

Señala P. Claval en Regionalismo y consumo cultural   que el resurgimiento del problema derivado de la compleja relación existente entre “hecho étnico”, “conciencia étnica” y “reivindicación regionalista” se basa en la búsqueda de autenticidad e identidad que es una tendencia propia de nuestro mundo actual occidental.

Indica que el mayor protagonismo de los regionalismos se inscribe dentro de la inclinación de nuestras sociedades hacia el consumo cada vez mayor de signos, símbolos y en definitiva de cultura.

Sobre éste deseo revitalizador de culturas regionales Fernández Mcclintock realiza una serie de consideraciones a propósito del bable. Relaciona las palabras expresividad, vitalidad, personalidad y comunidad con el triángulo formado por revitalización, reunión de tiempos y coevolución .

A propósito de la reunión de tiempos (time binding) menciona el escrito de J. María de Areilza en el que éste relata sus andanzas por las montañas cantábricas:

Escribe con mucha sensibilidad de la toponimia y los ecos ancestrales – de la patria – que contiene. Hace referencia a Renan sobre el “patriotismo” de los espartanos que se reunían en ciertas fechas junto a las tumbas de sus mayores y entonaban un himno que decía, somos lo que fuisteis, seremos lo que sois. Este llamar patria a la tierra de los antepasados es una evocación del eslabón humano que todos entienden.

 Y añade:

Este léxico y el de las toponimias, cuya divulgación ha ocupado tanto a los asturianos interesados en revitalizar su idioma y su vida, conocerlo revitaliza nuestra andanza. Decir exactamente cómo la revitaliza no es asunto fácil. Tiene que ver con éste concepto de la reunión de tiempos en el sentido de poder escapar – o mejor dicho trascender – y andar por éste mundo como andaban nuestros antepasados, conociendo su tierra más o menos como la conocieron ellos, evocando éste eslabón que une pasado, presente y futuro, si logramos preservar éstos campos léxicos

Estos campos pueden llenar huecos léxicos propios o bien podemos hallar en otros idiomas palabras muy aptas para llenarlos (coevolución).

Refiriéndonos a zonas más próximas a nosotros, vemos la vitalidad, difundida profusamente por los medios de comunicación regionales, de lo andaluz más centrípeto (Valle bajo del Guadalquivir). En otras zonas más alejadas, llamadas marginales por los burócratas, con peculiaridades distintivas y personalidad propia, se da el mimetismo respecto a esas zonas y esto obstaculiza la unión de tiempos y por tanto la vitalidad cultural y creativa de esas áreas.

Como reacción a éstas nuevas fuerzas centrípetas autonómicas encontramos casos de búsqueda del equilibrio mediante reacción centrífuga. Un ejemplo el Bierzo en la Comunidad castellano-leonesa.

Esta especie de colonización interior apreciable en nuestra tierra, resultante de su papel subordinado socio-económico, trae consigo alienación étnica, apreciable por ejemplo en la usurpación toponímica (altiplano granadino o comarca Baza -Huéscar) o la pérdida progresiva de los campos léxicos propios relacionados con la percepción del entorno territorial propio.

Aquí también interviene la influencia de la “aldea global”, fenómeno típico de nuestro mundo actual. Aunque en la actualidad las cosas parece que se encauzan mejor y se tratan aspectos ocultados y diversos, el tópico y la mixtificación sigue siendo promovido desde los centros económicos.  

Las revistas culturales de tipo urbano que conozco de Granada, caen en una peligrosa unanimidad ideológica (capillas), no les veo interés por conectar con nuestra raíces. Son cosmopolitas subordinadas respecto a lo que se cuece en núcleos más grandes.

Tampoco hay que perder la vista cual es la realidad social precaria de nuestra tierra y ésta es aún muy fácilmente manipulable, fácil presa de populismos de diferentes tipos.

También habría que contemplar otro aspecto y es el de el enraizamiento de nuestros paisanos con su hábitat. Asenjo Sedano dice refiriéndose a la comarca de Guadix, que es tierra propicia para la emigración, ya que hay un factor de falta de enraizamiento.  Posiblemente suceda algo así en nuestras comarcas. No son tierras dulces y fácilmente habitables como las que encontramos más allá de los Pirineos.

Más tradición oral (Baza): Un chiste campesino

Llega un invitado a comer a casa de un señorito. Cuando van a comenzar a comer, ya con los guisos servidos en sus respectivos platos, el invitado le comenta al anfitrión: “No comen éstos señores que están de pie”. Son campesinos empleados del señorito.

El señorito le contesta: “Estos comen todos en la misma gamella como los marranos”.

Un hijo de un campesino, presente allí añade: “Pues mi padre les da de comer a los toros en varias espuertas para que no se toque con los cuernos”

(Hace unos 50 años casi todo el mundo incluso los ricos comían sobre la mesa de la misma fuente).

Sevilla y Granada

Sol en Sevilla y en su estación de autobuses turca

Los turistas se desmelenan en el íntimo laberinto

 del algo afectado barrio de Santa Cruz.

Los muchachos echan cantes y luego piden en los bares.

Triana es la capital del mandil callejero andaluz.

Sol en Sevilla y más modales.

Cerámica bética reluciente en la Plaza de España.

Anchas calles, anchos ríos.

Sevilla y Cádiz.

Anda, cántame las tapas… es alucinante.

Los pueblos de la campiña aplastados por la luz.

Raras relaciones.

La vega verde y la sierra blanca, llegando al muro de Granada.

Semana Santa en la Carrera del Darro.

El mosaico del Campus de Cartuja.

Granada patas arriba por obras

Y el bosque de la Alhambra.

Tapas y Bares

Las tapas son una cumbre de la civilización española, esto lo dice Ian Gibson. Y dentro de España quizás sea Granada una de sus capitales, si atendemos a la relación precio – variedad. Otra cosa es ya la calidad, en la que no sobresales demasiado. Pero es que la calidad se paga y en Granada aquí las tapas se incluyen en el precio de la cerveza.

Por quince duros te ponen una caña acompañada de una cazuelilla de callos con garbanzos, o riñones al jerez o asadura o carne en salsa o un pinchito moruno o morcilla o un platillo de migas con tocino, pimiento y pescaíto frito o un muslo de pollo frito o jamón o paella o una tortillita de patatas con tomate o papas a lo pobre con pimiento o un trozo de picatoste con salsa de ajo y una rodaja de huevo cocido o ensaladilla rusa o pulpo o caracoles o unas hojas de patatas fritas con anchoas o un bollito de atún con tomate o aceitunas aliñás o una banderilla.

Y hay un hombre generoso en la tierra del chavico que con la cerveza te regala una docena de huevos o una bolsa de lentejas. Anuncia que la comida está ya preparada a sus clientes tocando la corneta. Costumbres vernáculas con chispa que irremediablemente tienden a perderse.

En Granada hay un bar como máximo cada 20 pasos. Se han hecho estudios muy concienzudos y científicos sobre éste fenómeno. Hay bares cutres y guarros en la ciudad, pero también los hay decentes y limpios. En una misma calle frente a frente encontramos los dos tipos. Y es que se ve que en algunos el negocio les da para ir tirandillo y poco más.

Ése oficio a veces no tiene que ser muy cómodo que digamos, sobre todo cuando hay que aguantar a todos los pesados desocupados del barrio.

Por quince duros lees el periódico, te bebes tu cerveza y te tomas tu tapa mientras puedes hablar o escuchar de todo lo terrestre. El grupo Gabinete Caligari ha compuesto una buena canción al respecto, El calor del amor en un bar.

y el camarero leyendo el As con avidez,

jefe no se queje y sirva otra copita más

Qué progreso

Tradicionalmente España ha sido un país eminentemente rural. Es grande la proporción de españoles que se han criado en el campo. Esto era más frecuente hace 20 años que ahora, en que las exigencias del progreso ha llevado a la concentración de la población y al aumento de la proporción de los niños urbanos.

Los que nos hemos criado en casas con grandes corrales traseros, poblados de árboles y animales cercanas a grandes parques sabemos de lo que hablamos. En éstos casos teníamos espacio de sobra para correr y jugar. El despertar de los sentidos tenía una adecuada caja de resonancia. Tenía uno más facilidad para desarrollarla la imaginación y ejercitarla.

Un cuento transmitido de forma oral es para mi más sugerente y provoca más ensoñación que las grandes cantidades de dibujos animados que los niños consumen por kilos hoy.

Ayer comentaba un técnico en un telediario: “España tiene que recuperar en 15 años, el siglo de retraso en su desarrollo económico que llevaba con respecto a Europa”. Estas cosas las oye la gente sin más, pues procede de la caja sagrada. ¿A costa de qué tiene que hacer España en 15 años lo que otros países han hecho en 100 ?.

Cada país, cada región, cada pueblo tiene su ritmo propio dependiendo de múltiples factores. Supongo que dichos especialistas ignoran esto.  Es la política la que tiene que adaptarse a una realidad concreta no viceversa. Los intentos de desarrollo que se promueven de arriba abajo, están condenados al fracaso.

El verdadero progreso es el que se produce cuando la iniciativa ha partido de la misma comunidad implicada. Aunque hay casos, sobre todo en el tercer mundo en que las sociedades no cuentan con unos mínimos imprescindibles para encarar el futuro.

El príncipe Carlos de Inglaterra en su libro Una vision de Gran Bretaña retrata una problemática que para mí es bastante evidente y es la de los desvaríos arquitectónicos perpetrados en épocas recientes en su país como en el nuestro. Este libro ha provocado una viva polémica en la sociedad británica, principalmente entre los arquitectos.

El autor del libro se pregunta qué es lo que ha sucedido estos años en dicho país y a su opinión pública para que se cerraran los ojos ante éstas realizaciones, como la construcción de rascacielos ocultando otros de tipo histórico, reconocidos como monumentos.

Es Gran Bretaña, país en el que se realizó la revolución industrial, el que quizás ha más ha sufrido las consecuencias de la supeditación de las condiciones de vida a las exigencias de la técnica y el progreso. La técnica al servicio de los humanos y no viceversa se suele argumentar. En dicha pugna se haya el mundo moderno actual.

Figuras de la talla del escritor D. H. Lawrence o Jung pasaron por el Valle de Taos en el oeste americano a principios de siglo. Allí artistas e intelectuales buscaban reeequilibrar la balanza de unas vidas en las que el progreso las había desarraigado de la naturaleza mediante la idealización de lo exótico indio. Recuperar la parte instintiva, salvaje, que había sido aplastada por la civilización.

La utopía quedó interrumpida cuando una prolongada sequía produjo la desertificación del valle.

Hoy los románticos ensalzan la epopeya de la resistencia india, recuerdan con admiración a Chiel Joseph, el jefe Nez Percé que mantuvo en jaque con su tribu durante tres meses al ejército americano en su travesía por las Rocosas. De igual manera se recuerda a Sitting Bull o Crazy Horse que lograron vencer al General Custer y sus tropas en Litle Big Horn.

El movimiento hippy se inspiró bastante en la filosofía india de la vida. Adoptaron ropas similares, ensalzaron el contacto con la naturaleza y proclamaron la superioridad de los valores espirituales sobre los materiales. Fue una reacción a la sociedad industrial y de consumo que les habían legado sus mayores.

Su ingenuidad en algunos casos, les llevó a extremos grotescos. El todo vale no fue bien digerido por alguna gente y hubo excesos y degeneración. Se formaron multitud de grupúsculos de gentes desarraigas pero también hubo regeneración y recolocación ante nuevos problemas. Easy Rider es un buen retrato de aquellos tiempos.

Un acercamiento a la tierra no tiene porqué adoptar posturas tan folclóricas (en el mal sentido de la palabra). Las cosas se pueden hacer de una manera más sencilla y “normal”. En el arte hoy hay algunas valiosas realizaciones.  Son producto de una aproximación totalmente personal a la inmediatez de los estímulos que lanza un territorio. Recuerdo ahora los discos del grupo R.E.M. Que reelaboran una rica tradición e innovan de acuerdo a sus nuevas experiencias.

Los Nómadas

Caminando por el sendero, ahora blando y húmedo atravesado por chorreras, ahora pedregoso y polvoriento. Las rachas de viento trae fugaces aromas de plantas y tierra. Cuando la cuesta se empina se reduce el paso, cuando baja se agranda tanto que a veces cuesta frenar.

El nómada gusta de parar a descansar en los claros sombreados junto a los arroyos. Prefiere, claro está, los caminos bien marcados, aunque no les hace ascos a las trochas cuando se presentan y tiene ánimo para ello.

Al nómada le gusta la compañía pero a veces prefiere caminar sólo. Gusta de preguntar a los viajeros con que se cruza, qué tal es el lugar del que vienen, si hay trabajo, vino y como es la gente.

Pasa de periódicos y radios, prefiere sentarse junto al camino y observar a las personas que cruzan por allí. Al nómada le gusta hacer insólitas preguntas y disfruta con las no menos disparatadas respuestas.

De vez en cuando estos contactos dan pie a una prolongada conversación que puede dar pie a una comida compartida. Estos ratos son de los buenos. Hay que reconocer que el campesino español, sabe hacer esto como pocos pues no conocen de horarios. Los asuntos marcan ellos mismos su duración. Comen despacio parsimoniosos y preguntan mayormente por la ciudad.

Hay veces que el nómada se siente algo azorado ante la franqueza e intimidad con que le habla un recién conocido. En éstas ocasiones prefiere callar. Mayormente las conversaciones suelen tratar sobre las condiciones de vida y las relaciones personales, algún problemilla de enemistad. También en éstos diálogos pueden aparecer las rivalidades de los pueblos vecinos.

Se oyen cosas como éstas: “La gente de la zona aquella, esos sí que viven en la quinta leche, allí sí que son brutos.”

El nómada siente curiosidad por comprobar in situ estas observaciones, pero en seguida descubre que el camino es largo e inclinado y como en realidad piensa que en todos los sitios hay de todo prefiere seguir el itinerario ya planeado. Además que para bruto él mismo.

Estos días el tiempo está mejorando poco a poco. Los días van siendo más largos y templados y los caminos por tanto se ven más transitados.

A llenar el garcilope

A llenar el garcilope

A menguar los apetitos

A olvidarse del instinto

A saborear la morcilla

A llenar el garcilope

A remolinear en la cocina

A espiar los guisos

A robar la muestra

A llenar el garcilope

A escapar de la escoba

A volver a golismear

A saltar presto

A llenar el garcilope

Por los Alpes y Pirineos.

Sitios y gente

La francesa con aires

Una pareja de maricas italianos

Chamonix es lo vano francés

El alemán selvático

El Zermatt americano

Un catalán y español bajito

Un suizo joven y eficiente

La senyera conquista el camping alpino

Los colores de los músicos montañeses

Un andorrano curra con las tapas

La voluntad es mayor que el dinero en Pineta

Un viejo faldero enseña costumbres

Comida en laestepa aragonesa

España en obras

La jungla de Madrid

La toledana ladrona

Conductores madrileños temerarios

Albacete corre y vete

Las lunares sierras murcianas

Un paisaje nuevo

Publicado por Ramon Martinez Girón

Hice Magisterio y soy monitor de educación ambiental. Me gusta la montaña, la etnografía, la literatura y el arte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: