Cuaderno 2

(Años 87, 88, 89)

Historia Oral

El núcleo del Río de Baza.

(Información Francisco Lorente Castaño)

El Rio de Baza es un núcleo de población compuesto de varias barriadas o cortijadas como son Cerro Cocas, El Perchel, Cuevas Nuevas, Camino de Oria, Camino de Cúllar….

El numero de vecinos era de unos doscientos, que  con la familia podían sumar unos mil individuos. La ocupación de los vecinos era en un noventa y tantos por ciento la agricultura, aunque había cuatro yeseros: Tío Grillo, el Polaco, A. Cabezas y  el tío del abuelo. También había un molino hidráulico en el Río que era de Pedro Flores.

En el Río todos los agricultores contaban como mínimo con dos o tres fanegas de tierra. Completaban ésta actividad de autoconsumo con jornales en otros campos. Había migraciones temporales a Andalucía, Vega de Granada, Córdoba, con sus colchones y borricos para pasar una temporada. Algunos emigraban allí donde se instalaban a pueblos como Jódar o Montoro. Los sistemas de medida de la tierra son la fanega, la cuartilla y el celemín. Las mujeres no trabajaban en el campo sólo alguna que otra vez para ahorrarse los jornales.

En cuanto a instrumentos agrícolas el arado es muy parecido al fotografiado en la Saludada. Era todo él de madera salvo las orejeras, la reja y la teniya que eran de hierro. La cuña que hay entre la reja y el dental se llama pescuño. La teniya no se agarraba al dental por medio de anillo. Esto parece que es lo único que lo separa del arado murciano. El trillo era el normal de sierras como en la Saludada. También los había de rulos.

Como en la zona de la sierra de Cazorla y la Sagra se utilizaban los pértigos, carros para transportar troncos, que tenían las ruedas más pequeñas y macizas. En la sierra se utilizaban los tronzones, que eran sierras para cortar troncos. También las ajorraeras que eran unos pinchos que se hincaban en los troncos para transportarlos.

El tipo de vivienda en el río era la casa-cueva. La primera habitación en el caso de la del abuelo era lo propiamente casa, y era la entrada o cocina en el primer piso. En el segundo estaba la Solana, y luego el recubrimiento de tejas. Desde la entrada se iba a lo propiamente cueva que era tres dormitorios en forma de cruz, uno al fondo y dos a los lados. Las construcciones estaban diseminadas. El horno estaba dentro de la casa.

Recuerda la existencia de tejados planos, tipo alpujarreño en aldeas como el Francés (Caniles) y en los Conventos.

Para guardar los melones se hacían unas chozas en las que se vivía en la zona del Río desde Agosto a Septiembre. Se levantaba con cuatro horcones y con forma cuadrangular. Se recubría por brozas y aneas.

En la Sierra de Caniles existe un tipo de construcción para almacenar nieve. Tipo cupular como en Sierra Espuña. Los neveros la metían dentro y la pisaban.

Su abuela manejaba un telar en su casa: la casa cueva de Vicente el Ventero. Se hacían ropones (con retales cuadrados), manteles de mesa, vestidos, alforjas… Partes del telar eran el peine, la lanzadera y el pie. La Pajona y los Chafandines tenían también telar. Los Mañas prensa de vino

En el Río no había curandero, iba el médico desde Baza. Cuando alguien se ponía enfermo los vecinos ayudaban a la familia. Sí existía sentido de comunidad. Cuando en una ocasión se derrumbó la cueva acudió todo el vecindario para ayudar. La población era homogénea en el Río.

En cuanto a comidas, a las 7’30 se hacía el desayuno que era unas migas o unas gachas, sino se iba al trabajo por ser una fiesta se tomaba un guisao.

A las doce se tomaba la comida, que en el trabajo podía ser: patatas fritas y huevos, tortilla, una fritá de pimiento y tomate. En días que no se trabajaba por ser fiesta se hacia un guisao de arroz con chorizo. Gurrupina en días más normales, empedrado, embutidos etc.

Se merendaba con embutidos especialmente morcilla y longaniza que es lo que se hacía más antiguamente.  Luego se introdujo el chorizo, el chorizo con patatas, salchichón, relleno blanquillo, butifarra… Para cenar, cualquier cosa. No era tan popular en cuanto a bebidas la mistela como el chapichurri a base de orujo y mosto.

El no cogió el habla de Baza que era más basto (ceceo) que en el Río. En Chirivel y Caniles hablan más fino.

En cuanto a vestimenta en el hombre no ha cambiado mucho y sí en la mujer.

El calzon corto él no lo ha conocido pero sí lo ha visto. El Tío Juan Guinda y Frasquito Rubio utilizaban sombreros calañeses y chaquetillas como los toreros. Para trabajar utilizaba las altimparas o zamarrones. La mujer utilizaba refajo sin bordar en días señalados se utilizaba el bordado por los mas ricos.

A principios de siglo los antiguos solían llevar casi todos un pañuelo negro liado a la cabeza y sombrero calañés. Llevaban también chaquetilla corta, negra, calzón hasta la rodilla con botones de plata, medias de trabilla y esparteñas. A la espalda podían llevar algún bordado. Y portaban varas de almendro o almez.

Las mujeres llevaban refajos y se hacían el peinado en “roete”

Las esparteñas en el río solían hacerse de guita, sin embargo en las Cañadas (Jamula, Pozo Iglesias…) se veían de cordeles. Esto lo achaca a que en Las Cañadas la gente era más rica y tenía más tiempo libre. Para hacer las esparteñas hacía falta pletilla para las suelas, cordeles para coserlas y guitas para la cara.

De esparto también se hacían los capazos para la aceituna, sembraeras, serones, barjas y esteras para la iglesia.

La Hermandad de Animas de Caniles contaba con una cuadrilla de animeros que era la que iba a visitarlos al Río en apocas navideñas. Pedía el “aguilando”. Estaba formada por cinco o seis personas con el mayordomo y portaban guitarras, mandurrias y violines. Todos los miembros llevaban unos sombreros y unos pañuelos en la cabeza. Iban hasta Benamaurel y recogían bastantes alimentos • En época de Inocentes se organizaban fiestas y se decía: “que los Santos Inocentes te den el premio”. Según el abuelo las Animas son una adoración. Cuando llegaban si había un muerto rezaban y si no cantaban y pedían el aguilando:

El aguilando te pido

si no me lo quieres dar

Dios quiera que se te seque

la tripa del cagadal

De Orce venía el santero con dos imágenes. Con tal motivo se formaban bailes y se le daba comida o dinero.

El marrano de S. Antón era típico en Caniles.

Costumbres por San Juan: Por S. Juan cuajan las almendras y las nueces y cuajan los amores… Había costumbre de que el novio en dicha noche llevara un cesto de  cerezas a la novia. Hay en Baza una Fuente de S. Juan.

Otras fiestas que se hacían eran las típicas casamenteras y se bailaban los bailes típicos como fandangos, seguidillas y sevillanas. Las parrandas se bailaban en Las Canteras (Pozo Iglesias, La Jamula y Los Charcos), Campo Cisnares, Los Alamillos y zonas más cercanas a Chirivel, con mayor influencia murciana. En el Río se utilizaban más los palillos (castañuelas) y guitarras y bandurrias. En Baza violines y se oía allí la jota. 

Con motivo de las bodas en los cortijos se adornaban las caballerías con sobremesas bordadas y zaleas. El novio subía a la novia a la caballería.

Leyenda del Cascamorras: En la Alcazaba estaban trabajando gente de Guadix y al dar con el pico a la Virgen (La Piedad) en la cara, dijo “Hijo de Guadix ten piedad de mi”. Entonces se la quisieron llevar a Guadix, y la carreta no pudo pasar por un milagro. La devolvieron a la iglesia de la Merced dónde va la gente de Guadix a rendirle culto. La Hermandad de la Piedad o Cofradía es la encargada de cuidar los cultos, el abuelo era socio de ésta. En cuanto a otras cofradías de Semana Santa dice no apreciar división social en la pertenencia a una determinada cofradía pudiendo estar en una cofradía como socios gentes de muy distintos estratos sociales.

Se dice que cuando el asedio de Baza por las tropas de los Reyes Católicos, donde aún hay un cerro levantado cerca del Río de Baza para colocar los cañones, uno de los jefes cristianos le dijo a uno de los que disparaban: “O aciertas al castillo o va tu cabeza por taco”. Y se cuenta que es que “al artillero le daba miedo destruir la Alcazaba pues estaba muy bien hecha”.

Los saludadores curaban las mordeduras de perro. Fermina que vivía en los Royos río arriba era una saludadora-curandera que quitaba el mal de ojo. Los loberos se dedicaban a cazarlos y luego iban pidiendo por los núcleos.

Su abuela de Aspilla cuando había una tormenta (nube) y caía una piedra, la recogía. Era una piedra de nube. Luego la metía en un barril lleno de agua un tiempo y luego esa agua era utilizada para curar heridas. También las camisas de serpiente se echaban en agua y luego  ésta tenía ésas mismas propiedades curativas. Cuando había una nube se ponían unas tenazas hincadas en el suelo frente a la puerta en forma de cruz

Llevarse la novia era antes una costumbre común. Un sobrino con su pareja le pidió a su tío ir a su casa una semana y eso hicieron.

Respecto a los pueblos limítrofes se decía de los de Guadix: “No he visto gente más mala que la de Guadix, que le quemaron las barbas a Cristo con un candil”. Según el abuelo la gente de Caniles es gente mestiza de moros y cristianos pues allí se escondieron muchos cuando la conquista de Baza.

Un juego: el caliche. Se hincaba una navaja en el suelo y se hacía un círculo alrededor. Luego se tiraban monedas y las ganaba quien le daba a la navaja o la derribaba. También conocido en Galera, en Lanteira le llaman cacheo. El término baja de Teruel a Murcia.

Las Cañadas

La zona adyacente al Río mas alta, era la zona conocida por Las Cañadas. Estaba poblada por cortijos como Pozo Iqlesias de D. José Maria Funes, La Jamula, La Venta Angulo, Los Charcos, Las Canteras, Los Alamillos, eran sólo casas y no tenían parte de cueva, además no se blanqueaban a diferencia de la zona del Río en que se hacía con espejuelo. Sí se hacía en cambio en éstos cortijos más altos un enlucido en las ventanas que se quedaban con marcos bancos resaltados. La Jamula tedría unos cincuenta o sesenta vecinos, Pozo Iglesias unos catorce o quince y los Charcos cuatro vecinos donde alguno era pastor de ovejas.

En las Cañadas había menos jornaleros que en el Río -el Perchel era un barrio casi todo de jornaleros. En el Pozo Iglesias vivían 5 o 6 familias y en la Jamula 25 o 30.

Origen del nombre Jamula:  Se decía que cavando un pozo unos hombres oyeron desde el fondo del pozo la palabra ¡Ajamula!. Ajamula es el grito que da el labrador cuando ha arado un surco y va a darle la vuelta a la mula. Los hombres que cavaban el pozo supusieron que la palabra venía del mundo que había debajo.

En la Jamula sus habitantes eran aparceros y tenían pequeñas extensiones de tierra en propiedad. Diego Campoy era el único que tenía un coche de mulas. Al no tener hijos, legó su herencia a una sobrina Catalina, la cual se casó con el tío Julián Pérez. Allí se plantaba cebada, trigo, chicheros (habas de secano).

En los Charcos había una noria con aspas de 6 metros movidas por el viento. Más arriba del Río había otra movida por bestias. Más arriba de éstos núcleos estaban habitados el Cjo. del Sillero, donde trabajaban carboneros. Un abuelo suyo puso la primera piedra del cortijo. Por allí estaba también los cortijos de la Calavera y el Collado.

Fiestas de Moros y Cristianos

El 5 de Mayo se celebraban las fiestas de moros y cristianos en el Pozo Iglesias. D. José  M. Funes era el dueño de la cortijada y quien las propiciaba donde también participaban los de la Jamula. Había una Sociedad de Moros y Cristianos que se encargaba de organizar las fiestas.

Los moros eran 8 o 10 personas y los cristianos igual número. Había un rey cristiano y un rey moro que era lucifer. Estos dos reyes discutían montados a caballo y peleaban. Los moros llevaban calzones bombachos blancos y pañuelos en la cabeza. Se hacían dos funciones, una por la mañana y otra por la tarde. Esto era a principios de siglo.

En Jamula había cuadrilla de ánimas que iban a tocar a otros sitios como los Charcos y por el sur las Cuevas del Sargento y otras.

Las costumbres en las Cañadas eran pues diferentes.  Por ejemplo en las Cañadas el novio hablaba con la novia sentados en dos sillas y en el centro en otra silla estaba sentado el padre o la madre, que miraba a otro lado. En el Río el novio hablaba desde afuera a la ventana de la novia.

Diferencias costumbristas entre Baza y el Río y la zona de las Cañadas

Se observan diferencias en bastantes cosas. ¿Fontera del Levante y la Alta Andalucía?. ¿En el noviazgo silla con silla y ventana (pelar la pava) respectivamente?. Seguidilla y parranda hacia Levante (Canteras) y fandango en Baza. Guitarro en Las Canteras. Media tahúlla en Cúllar como en Murcia. En Baza fanega, aunque también en Lorca.

La influencia levantina era más palpable desde las Canteras: construcciones, enseres, predicciones meteorológicas, mentalidad comerciante, repentizar coplas (trovar), fiestas de moros y cristianos, habla…

Violencia

Entonces había mucho salvajismo. Los Guindas y los de las Cuevas del Angel eran muy brutos. Los Ruices eran tres hermanos y dos hermanas y vivían por el Con. de Cúllar y el Perchel. Felipe Pancho estaba casado con una de las hermanas. Por cosas de herencia los cuñaos se llevaban a matar con él. Un día los hermanos le pegaron un palizón en Baza, lo metieron en un serón y fueron a tirarlo a un pozo. Entonces llegó el tío Potán y les dijo que si es que eran unos animales y no lo tiraron.

Había fricciones entre agricultores y ganaderos, como Julián Pérez de la Jamula de los primeros que estaba molesto con los ganaderos de J. M. Funes.

En la Jamula o por ahí por los cjos. del Collado de la Calavera, un hombre mató al marido de su mujer de quien era amante. Lo metieron en la cárcel y luego la mujer se casó con éste al cumplir la pena, antes de la guerra.

Antiguamente los mayores eran muy peleones, y se daban de garrotazos, con sus palos de almendro largo que todos llevaban. Mayormente en los bailes por cuestiones de novias. También llevaban siempre una faca encima para defenderse.

Antes de la guerra civil había épocas de miseria. En una ocasión estaba él con su padre cuidando unos campos y unos del Perchel que estaban en lo alto del cerro vigilando, al verlos avisaron a otros. Se presentaron cuatro armados de garrotes. Y uno de ellos les dice: “¿Hombre Paco, porqué no das jornales?. El contestó que no podía, que no tenía recursos y se convencieron.

Había un guardia civil que era muy violento. A los gitanos los tenía asustados. Una vez delante suya sin venir a cuenta de nada le pegó un garrotazo a un gitano, que vaya gesto que hizo. Entonces los guardias civiles eran los amos. Se nombraban como gitanos o castellanos y aquéllos les decían payos o payicos.

Los de Cantarranas (Baza) y los de Caniles cuando se juntaban en la Huerta del Maestre se liaban a palos

Regiones y pueblos

Siempre se ha hablado de dos andalucías, la Baja y la Alta. Baza está en la andalucía alta y su gente es en lo económico más pobre, miseria en el campo y guardosa. Los andaluces de la zona baja (Sevilla, Málaga…) son menos austeros y más dados a “fantasías”.

Los de Granada son guardosos pero cortos. Jaén es tierra mísera e inculta. La gente de Albox y Oria (Almería) eran muy comerciantes e industriosos.

En Murcia son más negociantes (tratantes). De la Mancha venía ropa y ganado. De Albacete queso. Los marchantes eran principalmente de Levante  (Albox, Purchena, Los Vélez, Puerto Lumbreras…)

Su área más transitada estaba delimitada por el Margen al norte, Caniles al sur, hacia el este la ermita del Saliente y hacia el oeste los baños de Zújar.

Sobre antepasados

Algunos datos sobre antepasados de Francisco Castaño: Su abuelo paterno era del Campo del Negro (Oria) y su abuela paterna era de Aspilla (Chirivel).

Por aparte de su madre sus abuelos eran de Valcabra (Caniles).  Un pariente por parte de la madre del abuelo vivía en las Balsillas en la Sierra de Caniles. A raíz del cambio de residencia a Las Cuevas del Sargento (R. De Baza) murió.

En cuanto a los padres de su mujer (abuela) su padre era agrimensor del Campo del Negro (Oria) y su madre de Aspilla (Chirivel). Un abuelo suyo tenía 9 cortijos que dejó a sus nueve hijos.

Fiestas de San Sebastian en Caniles

Se cuenta la leyenda de que alguien encontró el tronco de un guindo agrio (cerezo). Y con él se construyó la imagen de S. Sebastian.

Mi glorioso S. Sebastian

de tu fruta comí.

Los milagros que hagas

que me los hagas a mí

Apreciaciones sobre la gente de cortijadas en la zona del R. de Baza

Barrio del Perchel. Jornaleros. No eran nada comerciantes. No había ganadería. Aunque eran pobres e identificados como “rojos” eran poco violentos. No eran religiosos, eran aficionados a jugar a las cartas y había pocos bailes. No había afición a la música. Los gitanos que había allí eran pocos y buenos.

En general él veía a las gentes del Perchel con recelo, aunque no tuvo nunca ninguna trifurca con ellos. Le preguntaban que “¿porqué no vienes a las reuniones del sindicato o del partido?”. Y él no iba. Se dedicaba a lo suyo. Votaba a las derechas porque así se lo decía su padre, por conveniencia.Y como tenía sus bestias y aperos y tierrecillas se desentendía.

Jamula. Como Julián Pérez era un rico importante (200 ovejas), eran “fascistas”. Poco comerciantes. Eran más tranquilos. En cuanto a religión había de todo. Muy aficionados a la música.

Pozo Iglesias. Allí el dueño tenía 300 ovejas y 30 o 40 los trabajadores. “Fascistas”. 

Las Canteras. 100 o 200 ovejas entre los dos. Como vivían allí los amos estaban amedrentados. Por tanto eran nada violentos. Nada comerciantes. No había afición a la música. Tirante era muy religioso.

Cueva del Sargento. 100 ovejas, por tanto “fascistas”. Eran religiosos.

Cúrcar. 200 o 300 ovejas. Eran ricas las dos familias y vivían tranquilos. Poco comerciantes. Muy aficionados a la música, sobre todo el tío Perichán. Les gustaba el baile. Muy religiosos.

Cuevas Nuevas Pobres y orgullosos. Su población venía de moros como muchos de Caniles. De poco fiar.

Pueblos. Baza, poco violentos y poco comerciantes. Caniles, gentes mestizas. Nada comerciantes. Había más “rojos”. “Son los más tontos”. Cúllar, muy violentos, “rojos”. Los gitanos en la guerra hicieron mucho daño. A los que tenían idea, cuando gobernaban los “rojos”. Poco comerciantes, poco músicos.

Albox, ricos comerciantes.

Leyendas de tesoros en Chirivel

  • Por allí se halló un toro de piedra con una inscripción en la frente: En frente hay un tesoro. Diversas personas se pusieron a cavar delante de la estatua y el dueño de las tierras que estaban pobladas de viñas tuvo muy buenas cosechas.  Pero no  se halló el tesoro. Hasta que a uno se le ocurrió romperle la frente a la escultura y allí apareció el tesoro.
  • Hay una cueva en un monte entre Chirivel y Las Vertientes. En su interior hay mucho ruido y una laguna. Allí hay una inscripción que dice: Quien atraviese la laguna encontrará la fortuna. Nadie se ha atrevido.

Excursión Padules – Agustinos – Tocón de Quéntar

(Abril del 87)

Salgo de Güejar en dirección al Collado de la Trinchera. Paso por los evocadores Cortijos del Barranco de los Castaños y el de Haza Redonda de arquitectura serrana alpujarreña.

Llego al salvaje Barranco de Padules y prosigo arroyo arriba sin vereda, por camino intrincado hasta las ruinas de la cortijada de Padules donde hay un oratorio. Sigo barranco arriba hasta el Cortijo de los Almendrillos.  Allí encuentro una pareja de campesinos con los que hablo.

Uno de ellos ello se apellida Fajardo y es más comunicativo. Tienes complexión atlética, buena adaptación para un terreno difícil. Dice que la tierra que trabaja allí no es suya y la tiene a renta. Siembra maíz y patatas. Los cultivos los protege con redes de esparto hechas por él.  

Padules llegó a tener unas 25 familias repartidas por los cortijos. Igual los Agustinos. En el Tocón hay 109 habitantes. Es de los Agustinos donde se crió. Allí no había una fiesta señalada, pero había bailes todos los fines de semana.

 Ha visto al padre Manuel Ferrer llegar allí en un helicóptero y preguntarles por los nombres geográficos.

En cuanto útiles antiguos dicen que hay instrumentos agrícolas viejos encerrados con llave. Unas abarcas de piel de vaca de aspecto primitivo cuelgan de una pared.

Está por allí el guarda del Icona y comentan su aprensión a que un día de estos los echen de allí.

Me invitan a pasar adentro del cortijo, con su mujer y acompañante, y a cenar una cazuela con patatas, fideos gordos y bacalao, hecha sobre fuego, acompañada de buen vinillo de la tierra y papas cocías. Se beben tres litros todos los días.

Tiene un acento más fino que sus acompañantes y lo achaca a que él no es de Güejar sino de Agustinos que pertenece a La Peza.

Me invitan a dormir dentro del cortijo, pero yo prefiero hacerlo fuera. Al hacer una foto del cortijo al día siguiente, el gracioso acompañante me dice: “le estás haciendo una foto al sitio donde pasaste una mala noche de frío”.

Por la mañana me invitan a un café con leche y roscos. Se ofrece también a llevarme en su Diane 6 hasta los Agustinos, pues está haciendo allí una obra de albañilería. Mi deuda con ellos es grande.

Me comenta al llegar a los Agustinos lo feo que sería vivir en esa aldea deshabitada. Terreno seco, con pequeñas vegas verdes en las ollas.  La aldea está en ruinas y la arquitectura también es de tipo alpujarreño.

Conoce la historia de los bandoleros “Niños de Guadix” que se refugiaron en la aldea y allí murió el líder en un asedio de la guardia civil.

Le comento que mi intención es bajar a Quéntar por Tocón ya que el autobús es más barato que el de La Peza. Le hace gracia esto.

 Me despido agradecido ante tanta hospitalidad en dirección al Tocón. El valle está esplendorosamente verde. Un natural de esta aldea me dice que esta pedanía tiene 110 habitantes. También en el Tocón se halla la arquitectura serrana de tejado plano.

Llego a Quéntar pasando por el pantano. Hablo con un anciano, antiguo juez de paz de Quéntar y me cuenta que los habitantes de estas cortijadas compaginaban una agricultura de autoconsumo y la explotación ganadera. Con el mal tiempo allí se encerraban con el ganado.

Cortijo del Nacimiento. Valle del Río Castril

(30 y 31 de Mayo, 1 de Junio de 1987)

Me invita Adelino el Pastor a pasar dentro del cortijo. Allí me invita a beber vinillo del porrón y a tomar de tapa unas habas con pan y un ala de pollo.

Le pregunto por cosas antiguas y me enseñan un cuchillo muy grande y desgastado que recuerda una falcata íbera. Junto al cortijo hay un agujero excavado en el suelo tapado por una losa, es una cámara secreta, para esconder algo o almacenar patatas.

El hijo trabaja cavando viñas con el padre. Se ven como granadinos y el hijo me señala “a los murcianos déjalos ahí”.  Tiene conciencia de hablar casi en castellano. Pues cuando estuvo en la mili en Madrid así lo percibió, al carecer casi de acento sureño.

La mujer del pastor, refiriénsose a la comida y a la casa me dice “esto es lo que tenemos, nosotros vivimos así”, haciendo alusión a su posible pobreza. El maestrillo del Barranco de Túnez  enseñó a leer al pastor. Hay muchos hijos pequeños revoloteando por la habitación.

En el cortijo de la Saludada hablo con el pastor de aquí. Se ve un hombre simpático y alegre. Es alto y pelirrojo y está acompañado por un niño. Le pregunto por aperos antiguos. Me lleva a una nave en construcción moderna y hay multitud de ellos. En contraste también hay una moto de motocros. Aunque se lo revuelvo todo, dice que no me moleste que ya lo ordenará él. Hablamos mientras.

Señala que la gente de Huéscar es más murciana pues “tienen el pijo siempre en la boca”. Ël dice con orgullo que se siente granadino a pesar de la lejanía con la capital.

El grupo que estamos acampados en la Saludada bajamos al Cortijillo a comer.

El sábado por la noche vamos a tapear a los sitios típicos de Huéscar. En el Café X pedimos relleno y no está hecho todavía, nos ponen lomo en orza, setas y sesos. En la Taberna del Marqués, secas y vinillo del país. El pueblo está en plena campaña electoral y hay multitud de reclamos y propaganda.

Marcha Puebla de D. Fadrique – Falda de la Sagra S.E.

(3 días, julio 87)

Salgo a las 7h. de la mañana de la Pensión Martínez donde he pasado la noche. Llego al Cjo. de Tejera donde se ven diseminadas por su entorno obras de arte contemporáneo. Curiosidad por saber de sus dueños. Paso por el Cjo. de Pozanco y desde aquí y después de pasar por otro llego al barranco de la Cañada de los Cazadores. Aquí hay dos cortijos en ruinas. Es una zona muy arbolada de pinos.

Desde la Cañada de los Cazadores (9 h.) subo por una pista por el Bco. del mismo nombre en dirección al Collado Moril. La ascensión se hace penosa al perderse el camino. Por fin salgo a un rellano donde un hombre maneja un tractor y me informa por donde se va al Cjo. del Girón. Es de Huéscar y tiene a un  hijo estudiando en Granada.

Prosigo en dirección al collado Moril pasando por el Cjo. de la Lagunica en ruinas. Llego al Cjo. de Girón (11,30 h.) que son varios edificios viejos y alguno nuevo. Allí tres grandes perros me incordian. El paisaje ha cambiado, aquí es secano cerealístico, flanqueado por la cumbre de la Sagra.

Continuo mi camino y a las 12 h. llego a un lugar fresco y húmedo: el Cjo. de la Cueva de Abajo. Son dos casas y dependencias accesorias.  Aquí hablo con uno de sus habitantes. Está habitado por tres hermanos ya maduros. Uno sólo está casado. Con el que hablo tiene 50 años y está soltero, pero aparenta 15 menos. Es de pequeña estatura y fibroso. Tiene la tez morena. Tipo “íbero” acusado. Es hospitalario y simpático.

Dice subir muchos días dos veces a la Sagra con el ganado. Nació aquí. Añade que la acequia que viene del nacimiento de la Cueva del Agua es agua que va a Fuencaliente. Tiene dos monedas antiguas con forma no redonda. El cortijo lo tienen arrendado y es de un Ballesta. Me habla de la Cueva del Nacimiento dice que allí murió un guarda. Pronuncia mucho la terminación ico. Dice hablar murciano. Me deja pues tiene que irse con la moto al mercado de Huéscar pues es jueves. Cuando vuelva me sacará unas tapas.

Luego charlo con otro hermano. Tiene un defecto en la cara, una cicatriz o así. Me comenta que un abuelo suyo vino de Nerpio y se estableció en el Cortijo del Ferrario. Dice que hace poco ha muerto un muchacho por allí al volcársele un tractor. Y señala lo peligroso que es la bajada del grano en el remolque desde el cortijo, cuando se llena éste más de la cuenta.

Tiene problemas con uno que le dicen el Mantas, pues no le deja pasar por un camino comunal en Serrabona. Añade que no le gusta provocar pero que si lo hacen con él, responde.

Seguimos hablando de las cuadrillas de ánimas. El conoció cinco. La de Cortijos Nuevos y las de las Cuevas de Campofique eran las de la ermita de las Santas. Aquí los cascaborras, uno por cada cuadrilla, recogían sus casacas rojas y sombreros cónicos floreados. La primera recorría los cortijos del N.O. de la Sagra y la segunda desde las Santas y el Cjo. de Pozanco hasta los de Molina y Cuberos. Aquí estaba la “frontera” con la de S. Clemente. Más allá funcionaban las de Puebla y Huéscar.

Añade que por fechas de Inocentes cuando llegaba la cuadrilla a un cortijo se formaban las “majás” y allí había bailes y pujas. Utilizaban instrumentos como el guitarrillo y los demás más comunes. Terminaban con el “Vivan las ánimas”.

A continuación hablamos sobre la vida en el Ferrario. Comenta que allí se tiraban hasta 15 días incomunicados por la nieve. Vivían allí del ganado y sus tierrecillas a casi 1600 m. de altitud. El pozo que hay allí apenas tiene agua.

Los instrumentos agrícolas están modernizados, solo la utilización de capuchos y balillas de esparto en las colmenas habla del pasado.

Llega un hombre que viene en  moto del mercado de Huéscar, va al Cjo. de la Capellanía donde vive con su mujer y una anciana. Para andar menos al día siguiente subo a éste cortijo donde dormir.

Allí hablo con ellos hasta que se hace de noche. Son muy acogedores y abiertos quizás porque no soy del todo un desconocido ya que conocen a mi familia materna. El cortijo a 1450 m. de altitud era de la Tía Nobilona madre de mi tío Angel.

El cortijo tiene un aspecto rústico. Se ven construcciones accesorias con cubierta vegetal, trillos alpargateros y arados levantinos como el de la Saludada en Castril.

Este año han quedado incomunicados 15 días por la nieve. La anciana añade “la nieve es muy negra”. Una hermana del hombre vivió 15 años en el Ferrario. Con las nieves a veces bajaba sin nada que comer. Me cuentan la historia recogida por Ripoll en Narraciones de caza mayor en Cazorla del Tío Feligrés que murió en uno de aquellos apartados cortijos y a causa de la nieve no pudo ser bajado su cuerpo y se lo comieron los gatos.

La anciana se ve sabia y sufrida. Dice que la gente joven ya no quiere vivir en sitios así. Que es tonta y cobarde.

Aunque Cuevas de Campofique pertenece al término de Huéscar ellos se consideran de la Puebla. De los poblatos comentan que para bailar son únicos. Y hablan con entusiasmo de los bailes de Pascua con los personajes de los Cascaborras y los Inocentes. Hablamos del hermanamiento o encuentro de este año con Navarra. La anciana dice que de ahí viene algo de éste folclore.

Todos los años van al certamen de cuadrillas de Barranda donde han visto a las de la Puebla, Almaciles, Huéscar, Orce Galera, Santiago, Baza, Caniles… Una fiesta hermosa.

En el carácter comenta la mujer que aunque la gente de Huéscar puedan ser en principio  más “animales” los de la Puebla tienen más “idea”, aunque están muy mezclados. Luego charlamos sobre la gente de ciudad, Granada y la de campo.

Me invitan a pasar la noche dentro de la casa pero prefiero hacerlo fuera, ya que por la mañana tengo que madrugar. Y allí que paso la noche, en mi saco, rodeado por algún escarabajo pelotero.

Al día siguiente subo al collado de la Capellanía (1600 m.) y desde aquí atravesando un campo de girasoles escuálidos y entre lindes llego al Ferrario. Son 3 o 4 casas, alguna en ruinas, porches y un pozo. No hay nadie, pertenece al coronel Villalobos.

Sigo por un camino en dirección al Cjo. de la Canalica, pero se corta y por extenso pinarcruzo el Bco. de los Cazadores a media ladera. Como la vegetación es intrincada y espesa me dejo caer por un cortafuegos hasta la Cañada de los Cazadores. Esta zona está muy cuidada en lo forestal. Un bonito rincón.

 Desde aquí continuo a la Puebla pasando cerca de las Santas. Cojo un atajo y salgo a la carretera a la altura de la Venta del Perdido. A medio día ya estoy en la Puebla. Es día de mercado y me compro unos melocotones.

Por la tarde doy un paseo por el pueblo y hago algunas fotos. La noche la paso en la misma pensión de ida.  Hablo con la dueña. Dice que el pueblo tiene muchos hijos en Cataluña y en Molina (Murcia). Antes bajaban muchos segadores de la parte de Santiago de la Espada, ahora ya no hacen falta gracias a las máquinas. Este último invierno ha habido accidentes a causa de la nieve de gente levantina por Cortijos Nuevos. Por la mañana me vuelvo a Granada en el autobús de las 6,30 h.

Tradición Oral. Huéscar

Rama paterna

Los morganos

El abuelo Ramón, sino hubiera tenido zagales, podría con las 10 o 12 fanegas de tierra que tenía podía haber vivido casi como señorito, a renta. Pero tuvo seis hijos. Apenas tenía tiempo libre para por ejemplo ir al casino que era el local del Partido Agrario al que pertenecía (derecha), para pasar el rato por ejemplo con la rifa de un conejo. Apenas tenía tiempo para lavarse.

 Ese partido era el que le convenía para sus negocios de vino y tierras. Tenía 6 o 7 fanegas en el Indiano cerca de Fuencaliente. Era clase media, por debajo estaban los cortijeros y jornaleros. Cuando no había labores en el campo o en la bodega hacía faenas caseras.

Su padre Ramón Martínez del Pino vivió en el Cortijo Alto y luego se bajó al del Pinar, donde lo mandaron con 14 o 15 años. Allí fue el guarda encargado de los aprovechamientos: agrícola, ganadero, de esparto y carbón. Era una especie de capataz o mayoral de los Fernández por eso lo mismo estaba en el campo que contratando a obreros para el esparto o para hacer carbón de carrasca en la dehesa. Era de mediana estatura y recio. Allí parece que nació el abuelo Ramón.

Era un hombre muy recto. Una vez vino con un carro a Granada, acompañado de su hijo Nicolás llevando un saco de monedas de los señoritos para ingresarlas en el banco. Luego el señorito Bruno Fernández no se portó bien con él y sólo Sinforiano, el hijo que apadrinó, fue guarda. Una vez le dio una torta al hijo, cuando vio a su mujer llorando. Otra vez vio a un nieto castigado en la escuela y le cogió el cuello con el garrote.

En el Cortijo del Pinar se plantaba trigo y cebá y había alguna viñuela. También tenían colmenas e iban a coger el corcho para ellas en un campo cercano. Criaban perdices en unos cestos altos que se llamaban polleros. De zagales cogían grillos blancos y los atravesaban con hilos de retama con lo que hacían collares que luego les daban a los pollos de perdiz que les gustaban mucho.

El estanque que hay junto al cortijo lo hicieron el abuelo Ramón y el tío Sinforiano. Con una vertedera abrieron un canal para llevar  el agua desde el cortijo de Valentín y la acequia de la Virgen. Y así se llenaba una balsa cenagosa llena de ranuecos.

El cortijo era algo miserable y la vida dura. Preparaban buenas sartenás de leche por la mañana y comían migas con tajás, gachas, ollas de garbanzos o habichuelas, potajes de trigo, arenques, salón que era carne de oveja como jamón y mucha carne de conejo (pues había muchos en las conejeras cercanas) y por eso el abuelo Ramón llevaba siempre conejo frito en su merendera.  

Los mozos trenzaban esparto y hacían esparteñas. El tío Manolo utilizaba esparteñas de zagalón para labrar. Y con las aliagas encendían buenos fuegos. Y allí junto a él tenían cabeceras rellenas de farfolla donde tumbarse a dormir. Había cestos de pan de caña de centeno con dos asas que era por donde se pasaba el palo donde se colgaban. Allí tenían un gran catalejo.

Desde el Pinar iban mucho al mercado de Huéscar y Galera. En Galera tenía el abuelo a 4 o 5 lacayos o compinches que siempre recibían con lo mejor, mientras los de Huéscar no y esto les hacía picarse. Llegaban los trabajadores al cortijo y entonces cazaban con la escopeta cuatro o cinco conejos o liebres para darles de comer.

Cuando llegaban los de las cuadrillas de ánimas de Huéscar guisaban sartenás de migas con tajás de tocino y allí se quedaban junto al fuego. Decían, vamos a formar la “majá” al cortijo tal y allí se iban todos de fiesta.

De los primeros recuerdos del tío Manolo es ir con el bisabuelo Ramón a un boliche en las Cuevas del Negro para tomarse una zarzaparrilla. El abuelo Ramón vivió en los cortijos Alto y Pinar. El tío Sinforiano vivió también en el Cerro del Negro.

El abuelo Ramón era muy gracioso. Una vez que se le cayó un sombrero al río dijo: “Lo que es del agua que se lo lleve el agua”. Y es que el sombrero se lo había comprado con la venta de vino al que le había añadido agua. Era muy “gitano”, cuando iba a la iglesia tardaba en llegar pues iba de saludo en saludo. Era aficionado a los bailes y las fiestas como la de las Santas. Se juntaba con su inseparable amigo “el chapas” y tenían buenos golpes de gracia. Era hombre popular. A conocidos les hacía el favor de esconderle la leña en su patio para que la guardia civil no se la quitara.

Cuando vino la guerra civil con la azá al hombre se fue a Vélez Rubio para defenderse ya que era del partido agrario, el de los señoritos, pues dependía de ellos. No lo mataron a causa de los favores que siempre hizo a los “cueveros”.  

En las cuevas había mucha hambre, su mujer, la abuela regalaba a veces algún espinazo, garbanzos, lo que podía. La comida más popular era la olla de garbanzos. Y con eso se hacían su olla. Los de las cuevas estaban muy sometidos por eso vino lo que vino con la guerra civil. Se les podía ver a las 7 de la mañana en invierno fregando aceras. Sólo hubo un dirigente “rojo” culto que fue el Torné. Tenía una tienda y era oriundo de Levante. Lo mataron.

La familia de mi padre vivían bien. Todos los años mataban tres o cuatro marranos. El abuelo Ramón tenía sus tierrecillas y se dedicaba a hacer y vender vino. Llenaba de vino las bodegas del marqués. También era el encargado del Cortijo del Pinar que era de un señorito.  Se dice que cuando llegaba éste al cortijo mi abuela le ponía lo mejor que era el lomo en orza. Cuando acabó la guerra el alcalde Penalva, “el niño de oro”, señorito que le tenía arrendadas las tierras se las quitó. A cambio lo nombró concejal, cargo representativo y sin beneficio.

Mi abuelo éste estaba suscrito al ABC, le gustaba saber lo que pasaba en el mundo. Entonces estaban todos con Alemania. Era hombre pacífico sólo perdió un poco el control a raíz de que un hijo se fue a bañarse a Fuencaliente, donde la gente se ahogaba.

Le tenía puesto mote a todo el mundo, disfrutaba con eso. A sus hijos los llamaba pichín, boje, pecari, sara, niña del pegote y voltetas. A su hermana, la tía Lola, le llamaba paloma. A un conocido pillado dándose un fregao con la novia junto a una acequia le apodó el niño del reguerón. A un primo suyo también llamado Ramón le puso el leznas. Este vivía en una casilla que hay junto a la fábrica de la luz de Fuencaliente, era buena gente. Una hija suya es priora del Convento de las Dominicas. Otro primo morgano también era Justo de Castilléjar, carabinero. Los morganos siempre han tenido fama de simpáticos como el Tío Sinforiano.

El tío Sinforiano se hinchaba de vino en Huéscar, se montaba en el carro y las bestias iban solas al cortijo. Y al llegar estaba dormido y lo descubrían así los familiares.

Entonces la afición era beber vino. Beberse un litro e ir a mear y luego volver a beber. Aunque de joven no le gustaba, con el tiempo y por su trabajo se fue acostumbrando. Murió de ello a los 65 años.

El Vino 

La uva buena para el vino era la moscatel. La gordal daba más mosto pero de menos grados y si se había mojado por las lluvias, menos aún. Para llevar la uva se utilizaban las aporteras. La superficie cementada donde se pisaba era el jarey (jaraiz). Las esparteñas de los que pisaban la uva como “el alcaparra” eran cocidas para desinfectarlas. Y lo hacían cantando, en los trabajos duros eran cuando se cantaba.

También tenía una prensa. Desde el jarey el mosto pasaba a las tenajas de la bodega a través de gomas. Las tenajas eran de barro traídas en carros de Albacete. Allí fermentaba el vino en dos o tres meses. Había una tenaja hundida en el centro que era el pilón y aquí se recogía lo que se derramaba para hacer vinagre.

El abuelo desinfectaba las tenajas y las cepas con azufre. El orujo o morca se le daba a las gallinas. Pasados dos días al sol el alcohol se le subía a la morca y las gallinas se chispaban. Con el mosto se hacían unas tortas muy buenas.

Al vino del país no se le podía añadirle agua. Esto se hacía con el que se traía comprado de la Mancha.  El abuelo a lo mejor compraba un piojar de 30 o 40 arrobas pesadas con la romana. Había veces que el anhídrido carbónico reventaba una tenaja y ésta a su vez otras. Cien arrobas se perdieron una vez.

El vecino García decía cosas así después de beber vino: “Si me llamo García me he encontrado dos mulas y sino no me llamo García me han robado el carro”.

Julián el Molinero

El padre de la abuela Rosario era Julián Fernández Robles de profesión molinero. Tenía el molino de “el Garbillao” que estaba por debajo de Fuencaliente. Vivía bien y era detalloso en su vestir. Vivió en la casa de la Tercia. Pertenecía a la Escuela de Cristo.

Rama Materna

El abuelo Juan Manuel Girón Guillén fue hijo de agricultores, una familia con muchos tíos lo que había dividido mucho las tierras. Sólo heredó una viña. Con 12 años empezó a trabajar llevando un carro que no era suyo. Con él comerciaba y con el tiempo lo compró. Iba por ejemplo a Castril y compraba jamones y luego iba a Valencia (el viaje duraba 15 días) a venderlos y a comprar arroz u otra cosa para traer a la comarca de Huéscar.

Siempre comerciaba con la parte de Levante. Compraba tomates por Murcia, aguardiente o sal para las ovejas en las Salinas. Se casó con treinta y tantos años  y sacó adelante a unos sobrinos. Se dice que de las piedras sacaba dinero y junto a la buena administración de la abuela hizo que prosperaran y con el tiempo compraran el primer camión que vino a la comarca, un Chevrolet.

Estuvo encarcelado en la guerra porque era riquillo y fue liberado gracias a su hermano socialista, que hablaba en los mítines. Una vez fueron los guardias de asalto a llevarse jamón, azafrán y lo que pillaran de la tienda que tenían en la calle Angel. Y la abuela los disuadió regalándoles un buen trozo de jamón y escondiendo el azafrán en sus bolsillos. En la tienda a algunos que no podían pagar se les fiaba o perdonaba. Vendían mucho arguardiente y sal para el ganado.

En el camión iban revendedores que no sacaban para mucho y les daban olla. Como éstos no sacaban mucha ganancia les daban una olla. Por una cantidad simbólica de dinero se les permitía utilizar el camión. Entre Castilléjar y Huéscar hay una curva que le dicen de “los Chatos” ya que aquí tuvieron un accidente. Al tío Juan Manuel no le gustaba conducir.

Tenían dos o tres empleados para descargar  y el chófer que era muy vivo. Comerciaba con el camión por su cuenta. Así fue como el negocio se fue a pique cuando el abuelo faltó.

Era muy inteligente y a veces hablaba sólo por la calle. Le enseñó el negocio del embutido al Girón de Baza. Padecía del estómago. Murió en una operación de próstata. Se comenta que dijo del cirujano que lo iba a operar “no me gusta la cara de ese tío”.

La abuela Encarnación Gea nació en Vélez Rubio de donde tenía sus raíces familiares. Al poco de nacer su padre de profesión alpargatero vinieron a Huéscar a raíz de una epidemia declarada en Vélez. Su abuelo era militar y veraneaban en Aguilas.

Huéscar: más tradición oral

En fechas navideñas, principalmente en las cuevas se formaban las majás con multitud de cuadrillas de ánimas para bailar y otras funciones.

Los componentes de las cuadrillas llevaban las típicas ropas de los pastores. También salían los cascaborras que vestían unas polainas, una manta del hombro a la cintura sujetada con un cinturón y máscaras.

 Los componentes de las cuadrillas eran de extracción más bien humilde. Mientras que no así en La Puebla. Utilizaban los típicos instrumentos de cuerda como el guitarrillo.

Las fiestas de S. Anton eran muy peligrosas y eran comunes los accidentes, desde meterse una carretilla debajo de una falda como le pasó a la mujer de un alcalde a provocar una amputación. Se utilizan trajes especiales para protegerse como pantalones de cuero con las aberturas cerradas.

En el barrio de las cuevas fabricaban las carretillas de pólvora el Tío Perucho, el Carica y Carranza. Para ello utilizaban cañas de escoba a las que le embutían la pólvora y luego le añadían la mecha adosada con alquitrán.

A tesorero de la hermandad en cierta ocasión le metieron gran cantidad en su casa. Otra vez emboquinaron una carretilla dentro de una bombona y se formó gran explosión. Por la parte de Elche y Murcia también las tiran y en Guadix que es de donde las traen hoy.

Eran aficionados a jugar al hoyuelo. Que era intentar meter monedas en un hoyo, parecido al caliche. También se hacía el tiro de la reja del arao a ver quien la lanzaba más lejos. Otro: el caliche.

En el campo de la Puebla se hacían muchas florituras en las bodas en cuanto a protocolos, ropas del caballo… Un Chuja del Cjo. de las Lomas era muy caprichoso para vestir a su yegua cuando iba a ver a su novia a la calle las Tiendas

Leyendas: La Encantá de Huéscar Habla de la princesa que se peina eternamente con peine de oro sin salir de su cueva, la Cueva de la Encantá. Sólo sale el día de S. Juan.

En éste día según otra creencia las mozas que querían novio ponían una cereza en el ombligo de la estatua de S. Juan que está en su ermita.

La Encantá de Nerpio: En la puerta del Clivarico hay una mujer encantada muy guapa, que no se deja ver más que el día de S. Juan por la mañana. Cuando va a salir el sol presenta un ovillo de algodón y el que consigue deshilarlo sin romper la hebra se queda con la muchacha.

Dice un dicho de Huéscar que cuando expulsaron a los moros de aquí, éstos comentaron: nosotros nos vamos pero ahí os dejamos la luna de abril. En esos días el tiempo suele ser malo para las cosechas.

Los gitanos son buenos tratantes y comerciantes.  La expresión es muy gitano viene a ser algo así como que habla con todo el mundo o agarra en cualquier sitio. Había algunos gitanos ricos en Huéscar que podía tener 30 o 40 mulos. Algunos de éstos fueron a vivir a Caravaca.

Chistes sobre Santiago de la Espada: El tío que fue a Santiago, estando nevando y ató la burra a un poste. Con el deshielo apareció atada de la cima de la torre de la iglesia. (Nevazos de Santiago).

Se encuentra un santiagués con una publicidad del partido comunista (hoz y martillo) y dice, ¡anda!, ya han puesto por fin una ferretería en el pueblo. (Aislamiento del pueblo).

Avanzábamos como los grillos cuando se riega un bancal. Así se expresa un tío al referirse a la forma de combatir en la guerra. Y allí vió cosas desagradables: el hombre es el bicho más malo que hay.

Se habla de la miseria y los problemas sociales que había en los tiempos en torno a la guerra. Como iban las mujeres de las Cuevas al pueblo a por algo que comer y a veces volvían con las cestas vacías. Y encima les decían en el pueblo que eran hienas por tirarles piedras a los cristales de las ventanas de los señoritos.

Los civiles eran los defensores de los señoritos y hacían lo que éstos les decían, guardando sus bosques y campos, impidiendo la saca de leñas y frutos.  Había 14 o 15 guardianes en la vega.

Algo sobre los segaores

Entonces se juntaban 8 o 9 o más hombres de Castilléjar y formaban una cuadrilla y se iban a Andalucía a segar. Por Andalucía se entendía que podía ser por Cazorla o Ubeda o por ahí. O también a Santiago de la Espada o a Pontones donde las siegas eran más tardías.

Cuando volvían se anunciaban tocando grandes caracolas de mar, con su ruido característico. En un día de siega normal el chichanguero era el zagal que les llevaba la comida, que podía ser: migas por la mañana, olla a medio día y una fritá o lo que hubiera por la noche.

Moisés

Moisés engañaba al señorito que lo tenía de encargado en Torralba. Y vendía el abono que le había sobrado y cosas así. Ponía un pañuelo rojo en la entrada para indicar que no había nadie sospechoso de delatarlo en sus negocios fraudulentos.

Una vez un señorito, mandó a otro para que lo vigilara y terminaron compinchándose los dos, repartiendo lo que les pareció y engañando al terrateniente que “era un inútil y no servía más que para beber vino. No sabía tratar a sus trabajadores con la suficiente dureza”.

Cortijo del Pinar

Un bisabuelo paterno plantó una viña que no valía nada en el camino del Cjo. del  Pinar a Viso de las Cuevas de Torralba y las rodeó de árboles y pinchos para que no se metiera el ganao.

El agua la traía al cortijo el zagal marranero, por las mañanas, en cántaros de Torralba. Asi que éste bisabuelo hizo un canal con unas vertederas desde el Cortijo de Valentín hasta el del Pinar donde se llenaba una balsa que también excavó para que bebieran los animales, unas 100 ovejas que le dejaba tener allí el dueño.

El dueño actual, un Jiménez, ha abierto un pozo artesiano con que se llena una balsa. Planta alfalfa para unas 1000 ovejas que tiene allí. Aquello lo ha cambiado mucho. Y no sabemos como va a terminar ese negocio. Si “va a tender la lana en zarzas”.

Más, sobre animales

Entonces, junto a una ceja de riscas en el camino del Cjo. del Pinar a Torralba se ponía al oscurecer el Tío Sinforiano para cazar con su escopeta un par de conojos de monte que salían de las madrigueras de la ceja.

Para cazarlos también existía la costumbre de utilizar un hurón que llevaba una campanilla al cuello. Se metía en la madriguera y los conejos salían en desbandada, lo que permitía cazarlos. Esto causaba un gran daño en los viveros.

Los conejos de monte estaban más buenos que los de corral, ya que tenían sabor a hierbas, tomillo, romero… Las liebres eran apreciadas sobre todo para guisarlas con tallarines.

Antes había muchos conejos y liebres porque había guardas en los cotos y se cazaban sólo las necesarias. Hoy la mixomatosis y otras enfermedades ha hecho decrecer mucho su número.

Algo parecido ha sucedido con las aves. Antes había muchas perdices, codornices, totovías, y palomas. Todas se guisaban después de cazarlas. Las conejos se atrapaban bien en días nevados ya que dejaban las huellas y se mataban con un palo.

Hoy con la afición a la caza que hay en esos pueblos, como Castilléjar donde casi todo el mundo tiene su escopeta ha decrecido mucho la población animal que casi no hay. Se les tira de noche en las alamedas con perdigones hasta a los colorines.

Lo que sí hay ahora y antes no había son jabalíes y sus pequeños los rallones, que se bajan de las sierras. Y se cazan pero la carne no es de calidad. También hay tejones y antes hubo linces.

Sólo quedan dos rebaños de cabras alvares o blancas, una en los Rayones y otra en el Chaparral. Las zorras siguen haciendo daño y es fácil que se metan en un corral. Aunque se echaba veneno no han desaparecido. Los cangrejos del río Galera, tantos como había han desaparecido por la conocida epidemia que ha afectado al cangrejo autóctono. Caracoles chicos, de esos sí quedan muchos.

En el pasado había gente que vivía sólo de la caza. Conejos, perdices y truchas en el Río Guardal.

Publicado por Ramon Martinez Girón

Hice Magisterio y soy monitor de educación ambiental. Me gusta la montaña, la etnografía, la literatura y el arte.

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